25 dic. 2010

The Golden Lamb

I am only a child on the way
And a child on the way I will stay.
Will is fatherless.
Water is motherless.

Busco despertar al conejo en la luna,
Al pájaro en el nido,
A la rata caníbal amiga de los ratones de Cenicienta.

24 dic. 2010

Lessons Lessen

Time is that which has taught us.
Memory is that which we have kept.
Hope is that vain wait for more
Will is a strong fishy smell
Truth is to know what we’re saying
Lies are riddles in the dark
You were always asked to choose
From three that looked like two to you
You didn’t see the question because you were
Its answer.
"A man grows up and finds that he is good
For making, healing, or teaching"
Is what they said but you
Knew that a man grows down to red boxes and
Vomits out the key
But, being silent
You chose choice and spoke
Instead of saying what you saw:
A three before a one.

Oráculo en el templo, libro y tacita de té. Madre. Tierra.

Bienaventurada cizaña
Hoy el azul se juntó con el blanco y se hizo rojo.
Voló al centro de la tierra, y ella se estremeció.
El mar y el fuego se rozan recordándose
La buena nueva: el Origen
Mal
Entendido.
La máscara de los sueños te la pones para vivir
No dormir
Dormir...
Las cosas bellas son difíciles.
Sólo navíos navegan, faros ciegos.
Los navíos te navegan, vana luz.
Vida orgullosa: empieza a tragarte o nunca serás Sol.
Nunca serás sistema, Sol.

Nunca digas nunca, mi borrego.
Tus oídos tienen mucha sal de mar.
La lana... ese frío original
Te impide ver el tamaño de tu abundancia y humildad.

¿Si el ojo es el pastor?
El pastor no siempre ha estado aquí, pero tú sí mi corderito.
Él sólo trae disfraz de mago, no le hagas caso, viene del cielo.
Sólo sigamos caminando.

No eres mentira tortuga, eres mi caparazón.
Mi pecera.
Te veo cambiar como yo, no envejeces tampoco.
Sólo te vuelves sabia. Con pesados párpados,
Órbitas casi al cielo.
Te escondes debajo de esa piedra.
Crees que la piedra es lo más grande que hay....
Qué coherente, ya eres maestra.
El elefante me ve a mí, así que sé que existe, ten cuidado.
A mí me tiene miedo porque no puede saltar.
No me reconoce porque soy pequeño
Como una navaja sutil: ¡Voluntad!

Dejemos hablar al viento, un rato, hasta que suene el despertador.
Campanas. Klaxons.
¿Son lo mismo no?
Quieren que salgamos de la cama y nos quieren separar.
Quieren que nos perdamos, que dejemos de sólo guiar.
De esperar.
Hasta desesperar.
De evolucionar.
Hasta devolver
Volver
De
Volver.

La respuesta cuando oyes Amor
Es Gracias.

Es un Cantar.

13 dic. 2010

A remark about the autobiography

You gotta have a lot of voices, a lot of characters inside your head, to communicate Life by telling your story.

7 dic. 2010

Las flores son suicidas

En el reconocimiento continuo de voces de distintas perspectivas,
Todas nulas, todas espejismos, me frustro.
Silencio.
Silencio.
De nuevo es voz diferenciada.
Rueda de amor-odio al mundo.
Escucho y niego, sé quién soy
Escucho y niego voz tras voz tras voz.
Pero sigo escuchando.
En el silencio exploro,
Tiento palmeras con cocos duros
Llenos de vida y beber
Pero mis uñas son apenas piel valiente.
Todo ese seguro silencio es apenas voz valiente,
Que se esfumará temblando y pariendo
Ruido apenas discernible pero desquiciante.
Huyo del eco y encuentro agua, hogar
Que fluye y mece como yo quisiera
Que a nadie confunde porque a todos refleja y a todos dice:
Claridad.
Sólo detrás me asomo intentando ver lo que
Con ojos cerrados ya no me aparece
Y se me interpone esa extraña figura, ese símbolo del misterio
Ésa que se cree yo sonriendo, llorando, huyendo y riendo:
Cabeza grande, cuerpo curvo y suave. Coquetamente
Me seduzco para estar segura de que sí puedo ser yo.
Nadie más lo sabe, nadie más tiene razón.
Nadie más se encuentra en el reflejo, ni la ardilla ni el halcón,
Tal vez el árbol. Y está quieto, crece grande cerca de agua,
Acompañado le gusta estar ahí.
¡Si me alcanzara no caería en más confusos lagos turbios!
Perdido en el regazo del otro, enamorada de las sonrisas
Chuecas dibujadas en su piel, los hoyos las arrugas y la dulce miel,
Estuve segura de no ser absolutamente nada más
Que un cuenco para SU ser. Necesito de ese beso cuando pienso “beso”
Para saber que está conmigo. Pero su ser no sé qué es.
Eres mi perdición, serpiente que sin hablar promete el cielo,
Y le creo.
De vuelta estoy aquí ante mí, porque no fui libre,
No entendí,
Y ya no quiero acariciar el agua, quiero serla,
Pero sólo puedo ser flor.
¿Puedo?
Ésa es la caída al agua para nunca
Volver a tierra ni puente,
Ése es el grito congelado que nadie escucha
El canto del YO SOY a todas voces
Vivas en su cárcel de pigmento encendido.
Comienza la fisión, comienzo a desplegarme
Con el grito triunfal del suicidio.
¡Bello acto y compromiso!
¡Bello negarme el mundo!
Nadie está cerca, sólo el eco que me bebe de lejos,
espectador que poco importa,
Sigue siendo sólo una asombrada sombra.
Me nacen pétalos como ojos, ojos seguros
Que ven y no preguntan.
Me volteo a mi centro para contemplar el rostro puro,
A viento lejos la basura,
Es una manía de risa encendedora
Que acabaría con todo el bosque
Si a éste no lo cubriera el velo
Que en mí misma estoy rompiendo.
Todas las voces ya salieron y se encuentran
En canto desdoblado eterno, notas de sí mismas,
Y ya no las escucho
Y ya no las escucha el mundo.
Todas las poses se encontraron
En cisne, loto, tigre o media luna
Pero yo ya no las toco
Y no las toca el mundo.
Soy flor:
Fuego encarcelado,
Desnudo y sin secretos
Salvo el último secreto:
Que la vida sigue siendo esfuerzo,
aún encapsulada, libre en la quietud.
Pero yo ya no me entero del secreto
Ni de mí lo sabe el mundo.

30 nov. 2010

LuSid Dreams

There's no reason to fear, it's like being afraid of your nightmares when you know you're going to wake up. Climb the peak to desire, and don't be blinded by the sun. Instead of collapsing, wake up inside the dream. Kids feel this natural fear, but they get over it when they wake up the same. They don't realize that in waking life, there is also, strangely, fear. The problem is that man attributes all it can't understand to the dream and the imagination, repeating to himself that "it's just a dream" instead of "I'm still right here". Or when he eats something that says "Eat Me", he says "What did I eat?", instead of, "So then, what am I?"

The picture of Dorian Gray

"For the canons of good society are, or should be the same as the canons of art. Form is absolutely essential to it. It should have the dignity of a ceremony, as well as its unreality, and should combine the insincere character of a romantic play with the wit and beauty that make such plays delightful to us. Is insincerity such a terrible thing? I think not. It is merely a method by which we can multiply our personalities".

Oscar Wilde.

Son como Dorian Gray. Viven en el mundo de la vista táctil, de la palabra viva. Se saben un sensorama consciente. Pero siempre tienen que volver a la tierra sucia donde cada cosa se encierra en sí misma, y ése es su retrato oscureciéndose y envejeciendo. Oscar Wilde también era como Dorian Gray, pero su retrato no se hizo feo porque cuando bajaba a la tierra no se encerraba en un cuarto para que nadie lo viera. En vez, lo escribió.

18 nov. 2010

Pájaro aletea

La locura era un pájaro que andaba suelto por la casa. Las piernas se estiraban en pants, nunca pijamas, se equilibraban en triángulos sobre el sillón, tiraban para atrás la cabeza y para arriba las manos. Se preparaba el cuerpo para ser templo. Se sentía en las orillas de la isla el murmullo de brisa...

Están rotos, no saben por qué. Como la tierra, que sí sabe por qué, y silenciosamente solloza oro negro a media sal. Su sal y agua pura, que se sabe mar, cómo se nutre sin sentir contradicción en ser dos uno. Fría pero deliciosamente extraña la relación hombre-planta, más estrecha que hombre-animal. Los animales no saben meditar.

Tierra que no tuvo voz hasta que nuestros oídos ya estaban llenos, algunos, de coral... cuando entiendan que no fueron nuestros padres quienes vida arrojaron a muerte con violencia, sino un estremecimiento prolongado de miedo que confundió imagen y reflejo, titubeo que provocó prostituciones que la Tierra tuvo que cobrar...

"No confundas lo divino. Lo divino eres tú, que habitas en mí, y lo divino soy yo, donde habitas. No tengas otro dios. Abre las puertas del circo, y deja que animales imaginarios caminen jardines verdaderos y nunca quieras tirarlo con todo y jardín. ¿Por qué no pisa un pie tierra y otro mar? ¿Acaso no tienes dos pies? Estoy contigo en líneas paralelas. Mientras siga habiendo vida, no estarás muerta. Cuando existes y luego piensas, el pensamiento es el eco. Si no, el pensamiento es un error y tú eres el eco".

Inhala. Eco de inhalación. Eso se llama pausa. Es el paso que sólo un eco, o un árbol, pueden publicar, nace de dentro. Exhala. Eco de exhalación. Estira y luego, hazte bolita.
Susurros de pavorreal en la pantalla, pero también delante y detrás; concepción de que todo deja rastros de humo, convicción vana de lo que se siente solo y destella, o deja olor. ¡Hermosa vanidad aroma humano! Sólo quien tiene amor la puede olfatear. Estarás olfateando cuando los demás estén viendo su sátira en la pantalla, y reirás y reirás y reirás.

Debes pasar los objetos, especialmente los menos cosas más alquimias invertidas indecentes invaliosas (dinero), de mano en mano como papa caliente. Pero las manos no. Dedos para ser entrelazados. Así, como el zig-zag que construye continuidad bilateral, o curvas monstruosas que explotan en geometría, inverción de voz y eco. ¡Eco! ¡Eco! Escucho eco venir. ¡Veamos voz!

"Luz, sé luz que alumbra para dar. Recibes a medida que das. Así sabes que estás dando. Porque roto, hombre roto, mientras sigas caminando, mientras sigas parte de lo que ves, no serás luz ciega. No dejarás también de recibir. Para lo único que sirve tu juicio es para comprobar que tu vida es un éxito y que quienes te ven, lo creen".

Retuerces en el sillón como perro que te ves, hambre que te ves, infidelidad en la cara frustrada de fidelidad, infidelidad contigo mismo, en busca de un dios que alimente, ¡por Dios! que nos nutra... no un dios indiferente. No un dios que crea jaulas. El gato se frota contra todo, frontera viva es, y nos observa en nuestros cambios de humor, tan seguro de que mentimos cuando lo vemos a los ojos con rubor. Rubornomiente... perdón, adiós.

Sí solo si... y si sí silva como águila que es... maneja tiempo, escribe cartas en avioncitos de papel que se encarga de mandar a volar, mueve y reposa siempre, para que fluyan canales. Se sabe mover por aquí, saber moverse es la estabilidad que tiene.

Ah, si me lo hubieras dicho, mamá, esa mañana que la música del radio coincidió con el diseño del tapete oriental, que era un regalo cuya envoltura no podía nunca quitar. El placer de estar siempre en el principio... sin el terror de la muerte.

La muerte era también, un pájaro que andaba suelto por la casa de madera. Decía, si la escuchabas: "Cuidado con tu poder. Date cuenta que lo que ves, que no se ha manifestado, lo estás invocando. Cuando haya hombres que vean demasiado, y muchos que no vean, habrá desequilibrio y cundirá el caos." Y el pájaro aleteaba, dejando taquicardia.

10 nov. 2010

Segundo Sueño

There’s subdued sleepy music in the ghosts of mind
We carry even when climbing, crawling smiles,
When we feel most alive and think we thrive
And forlorn questions full of scorn don’t swarm.

This waking up, this cloudless state of mind,
Or else breezy, white, and thick with cushion mist,
Is comfort in the energetic luminous sense
Of fiery, romantic thrills and gaping eyes.

Ease flees so quick us always drenched in ink,
All muddled lucid dreamers when we live...

Creating trumps for cathexis, a collective cure,
And games of great gestures together to endure
Days holding hands of so-called lovers as we drive
Dull drives and to a vivid fiction volunteer our eyes.

The movie moves and moves in us a muse,
Takes us through crypts of wrinkled hands and faces
Exposing blindly fears like laundry in the wind.
We cry for Earth, a tiny ball of clay, we cry for day

And night falls all around in dark and lack of sound;
We huddle closer without how or why

And then we cry our tips the second time that week
Absorbed in silver and absorbed mid-scream.
Amongst the shadows of these others' sighs
Against the mirrors of our own phantasmal lives.

The ride back home is a surprise, we’re left alone
And so-called friends with strange sly smiles
In cramped and carnival car kidnap our kind--
For a hobby, for giving us sweet chords and poppy,

Lightly laughing at our eyes, lightly laughing
At our self-delighting sensuous prison-paradise.

Then so-called home, yellow building, yellow dog
Dog left begind, neighbor fretting, questions,
Spotlight, soft interrogations, subtle dialogues through dog,
We know not what to say or how to leave.

Some nights deem awkward instances like these,
When the cold biting street-light dark
Threatens some wild story ending
In confusing outcomes previously unimagined,

Foreboded with a shimmery thud, we tremble
As we wish the elevator would just swallow us up.

Under our door we spy domestic light
Hear footsteps and the loud familiar voice
Of one we recognize as from the egg of us
Saying strange things to someone on the phone.

The words that we can’t help perceive as echoes
Of concerns for women art and death
As much despair in all these prospects lies
Assumed despair that's sterile as the stars.

The broken wings have healed and been
Hung up to dry, not to be used but for to dance.

Strangers to all! We to our room do brood,
Absorb the space with our tactile sight,

No longer yearning to eager ears portray our lives
Without even looking in the mirror once.

Hooked on the mirror once, we never
Can look away, even if we don’t look again,

Until now that we see and hear and say
Which which, what what, and all of that.

Memory sleeps still but now it stirs,
Changing the colors in the smoky composition.

As now it wakes with it it steals
The fingers dancing from our pupils,

Inside we climb or slide and fantasize
With moments we live wanting come

Coming perhaps soon, on some enchanted noon,
Or some enchanted moon, where looks deliver lines,

And intense dialogues are heard between old friends
Old lovers and old hates told in a fit and never without wit.

Moments that surpass us are a thing of dreams,
In reality the moment itself is always smaller than we.

The beauty of closed pulsing eyes!
Of smoother cats that never lost look!
He's thinking of the number three and so are we
The trinity of kaleidoscope, sea-shell, rag doll.
Steep stony trails, calm down it's almost done
This daily dream that starts and ends the same
All other dreams sustains, stories are easy to forget
Not stones. We say what we can as well we can.

Some tea and soon, in truth, we shut them tight,
The dark is buzzing some between our eyes

The light is sharp and hostile on our eyes
And fears make turbulence around our ears.

We trust no more this wandering wondering waking
Life with strong elixirs potent, tempting in red vials

That can’t but half-deliver promises they make
Because of time stretched out on day and days.

Youth lasted such a long time and left us
The chronic state of what we did foresee.

Lone wolf in tux, unable to know anyone
Because the eyes are watery pools that hide
Fancy behind, to bed we drift
To start our backward sift through
Moving skeletons so deep and chained
Inside our inside struggling to flee.
Remove the lucid and go back to dream,
Dream always dominating in the lead
Time being relative, so many lives in dreams
Each night makes dream our natural state

(not you and me but
me and me as one is
our and we)

27 oct. 2010

El silencio y el símbolo en Ibsen y Beckett

En este ensayo, se contrastarán dos dramaturgos consagrados en el canon contemporáneo, Henrik Ibsen y Samuel Beckett, con los objetivos de ejemplificar la idea de que “las causas más profundas que rigen el ritmo de la historia de las artes no son sociológicas, políticas, sino estéticas[1]” y promover una crítica basada en la distinción de propuestas artísticas y no su jerarquización sistemática. Muy distintos entre sí, tanto histórica como estéticamente, Ibsen y Beckett realizaron en su momento grandes rupturas de las tendencias teatrales en casi todos los aspectos. Se tomarán como ejemplo dos de las obras más representativas de cada uno: Casa de Muñecas de Ibsen y Esperando a Godot de Beckett. Ambas son obras cuya popularidad se mantiene actualmente, ambas son obras que responden de manera clave a su momento, y ambas juegan con el escenario y con el espectador, todo esto de forma diametralmente opuesta.

En Casa de Muñecas, la poesía está en los gestos más que en los diálogos, en los modos de ser individuales de cada personaje que ilustran la crisis entre apariencia e interior. Tanto el título como el detalle de la escenografía indican la importancia del espacio: en todo hay profundidad a tal grado que las cosas tienen un valor simbólico, como una bolsita de almendras o la oficina de Helmer, fuera de alcance para el resto de la familia. Por otro lado, los personajes en sí son parte del escenario, como productos de su realidad material. Esta relación compleja pero estrecha entre entorno y hombre, vida material y condición espiritual explica el desarrollo de los personajes y de la misma trama en la obra de Ibsen.

Desde el acto primero, Ibsen muy intencionalmente determina tanto el contexto socio-económico como las relaciones entre los miembros de la familia Helmer mediante el escenario. Los grabados en las paredes, los libros, el piano, las figurillas de porecelana –estos detalles sugieren una aspiración al refinamiento cultural; se trata de una familia acomodada que busca dar una buena imagen. Todo está bien acomodado y limpio, se respira un orden hogareño. La primera escena establece más relaciones en torno al espacio y las cosas, e introduce el juego de las apariencias. Lo primero que dice Nora es “esconde bien el árbol Elena, no deben verlo los niños hasta esta noche cuando esté bien arreglado.” La cita resume la forma de ser de Nora con su esposo e hijos: mantiene ese espacio limpio y ordenado y ella es parte de éste. Sus conflictos internos no son relevantes, ella entiende que su papel es hacer felices a los demás sin nunca revelar el truco de magia. Rápidamente aprendemos que sí esconde un gran secreto, y el tema del dinero se vuelve el eje de la obra, para enfatizar el peso y la determinación que tiene la vida material.

Poco a poco, a lo largo de la obra, el interior se va delatando: la casa se va volviendo una jaula, la neurosis de Nora explota en una escena climática de baile (el cuerpo se rebela y se revela siempre a través de los gestos). Esa consciencia sobre la condición y el choque entre lo dicho y lo no dicho, la apariencia y el interior, es un momento explosivo en el teatro realista. Es una ruptura, una revelación que idealmente resulta en una liberación. El realismo social asimilaba las ideas de tres grandes pensadores de finales del siglo XIX: Darwin, Freud y Marx. Los tres tienen en común posturas que, con distintos enfoques, hablan de lo que condiciona al hombre y cuestionan nuestros conceptos vanos de realidad humana. Darwin impone el instinto de supervivencia y la lucha por la existencia. Freud impone la adopción de cualidades y defectos por imitación, inevitable como la herencia genética, de los padres, y condiciona al hombre con su infancia e inconsciente. El enfoque materialista de Marx le impone al hombre el condicionamiento de su condición material y poder adquisitivo, específicamente por su clase social.

El teatro realista incorpora estas nuevas ideas de destino con la realidad del individuo. El destino aplastante está en todas partes y de varias formas: la herencia (como la relación con el dinero que Nora heredó de su padre, y la consciencia que se tiene de ella como madre que determinará a sus hijos), el cuerpo con sus gestos e impulsos, el inconsciente, el mismo lenguaje. Por eso el escenario es tan importante, porque representa todo lo que Nora ignoraba, de lo que formaba parte, y que la reducía a una “muñequita” de su esposo. Se da cuenta que nunca ha sido feliz. “Creí serlo, pero no lo he sido jamás”. El motivo del teatro realista es revelar. El escenario es una burbuja de vida cotidiana que el espectador ve como una cuarta pared. La espera es que, con este vistazo, el espectador comprenda todo lo que hay en el interior. “¿Qué haces en la alcoba?” pregunta Helmer. “Quitándome el disfraz”, responde Nora, y no es sólo el disfraz de la noche de baile, sino el disfraz que toda su vida ha llevado, hasta ante ella misma.

Ibsen aborda la representación mediante el detalle y la precisión, y el espectador es simplemente un observador que se asoma a una escena cotidiana, la cuarta pared del cuarto, olvidándose que está en una obra. Las obras de Ibsen marcan el final del melodrama excesivamente romántico y artificial, tan popular en el siglo XIX, introduciendo el realismo social en el teatro. Probablemente Kundera, al compararlo con novelistas y músicos, lo situaría con la estética de Balzac en la novela (“el fondo de las vidas humanas ya no es un decorado inmóvil, conocido de antemano (…) hay pues, que captarlo, pintarlo) o Beethoven en la música (“Hay muchos pasajes sorprendentemente flojos en Beethoven. Pero son estos pasajes flojos los que otorgan valor a los pasajes fuertes”); es la composición basada en acumulación de tensión dentro de una representación realista. Tal vez lo común y esencial de esta forma es el uso de “puentes”, lo que implica un entretejido que imita la vida alternando “temas” con pasajes de menor intensidad. Por otra parte, se le considera simbolista, y Ehrhard explica esto como “la forma de arte que da a la par satisfacción a nuestro deseo de ver representar la realidad y a nuestra necesidad de trasponerla. Reúne lo concreto y abstracto.” En el teatro de Ibsen siempre hay niveles, los hechos y los gestos tienen un sentido oculto. Por eso “a pesar de su preocupación sincera por pintar la vida tal cual es, pone en escena, al lado de personajes muy vivientes y de una realidad sorprendente, seres que parecen pertenecer a otro mundo y hablan un lenguaje místico, simbólico, lleno de alusiones”. El simbolismo pone en obra las analogías que enlazan el mundo interior con el exterior; no nos considera como seres aislados.

En Beckett, el símbolo entra en crisis. A Beckett lo impulsa la necesidad de expresar el sinsentido del mundo y la futilidad de expresarlo. Sí, en efecto, absurdo. Para él, no es tanto un problema de representación como un problema en el lenguaje mismo. “As we cannot eliminate language all at once, we should at least leave nothing undone that might contribute to its falling into disrepute. To bore one hole after another in it, until what lurks behind it—be it something or nothing—begins to seep through; I cannot imagine a higher goal for a writer today[2].” Ataca el realismo tradicional y busca su deconstrucción; Paul Davies dice que “he veritably hunted realism to death[3] ”. Mientras que Ibsen alimentaba de la psicología y sociología una auténtica moral humana, Beckett representa un tedio moral, una realidad fragmentada, cuya consecuencia es una tensión constante entre esencias, o “temas”, ambiguas y sin fondo. Si los personajes de Ibsen eran personas con historia y psicología, los actores de Beckett deben evitar “play their parts realistically, never to inquire about the characters’ lives outside of a text, and, in general, to deliver their lines so far as possible in a flat monotone[4] ”. Ibsen se preocupaba por la minusciocidad del escenario y lo describía detalladamente; Beckett representa espacios casi vacíos que nunca disfrazan su falta de forma.

Esperando a Godot, como su nombre lo indica, es una obra de espera. La revelación de la realidad nunca llega porque, probablemente, no hay nada que revelar. Como toda espera, es incierta, aunque la incertidumbre en este caso llega a un grado extremo de absurdo. Nada queda claro, ni siquiera quién es Godot o por qué lo esperan. La espera y la incertidumbre se vuelven los elementos de tensión y se contagian en el público, que durante la obra se ve inmerso en este espacio vacío donde nada ocurre y nadie dice nada. Casa de Muñecas: gestos y actos hablan. El significado yace bajo las apariencias. Esperando a Godot: ni siquiera las palabras “hablan”. El significado cubre como película una realidad vacía.

Beckett crea la sensación de incertidumbre con varios recursos: el espacio, los diálogos, las relaciones entre los personajes y el tiempo. No son elementos totalmente separables, es la contraposición entre ellos y la separación en dos actos lo que lo termina de matizar. El espacio en la obra es vacío excepto por un árbol. El árbol es el único punto de referencia y crea cierto aura a su alrededor que distingue este lugar de los otros. Todo ocurre en este espacio y hay incertidumbre sobre lo que hay alrededor, sobre qué pasa cuando los personajes se van de ahí y de dónde vienen cuando llegan.

Los diálogos son el elemento más importante para la sensación de incertidumbre. Cuando los personajes hablan, particularmente Vladimir y Estragon, hay una crisis de la comunicación, y hasta cierto punto de la identidad. Dejan preguntas sin responder o responden, varias veces y con contradicciones, una misma pregunta. A veces hablan por turnos una idea continua y ya no se distinguen las posiciones de cada quien –el diálogo, en este sentido, se fractura. Se pierde si diálogo se entiende como interlocución entre dos voces distinguibles completamente, alternancia entre tesis y antítesis. En Casa de Muñecas los personajes tienen historia y psicología, profundidad. Cuando hablan entre sí, dialogan en discontinuidad, en un juego de ping-pong, cada uno hablando desde sí. Vladimir y Estragon no tienen realmente personalidad y definitivamente no tienen historia: el diálogo en momentos es realmente un monólogo partido. Las raquetas de ping-pong se han acercado tanto que la pelota ya no se mueve.

La falta de memoria hace que los diálogos se sientan inútiles. Cuando Lucky se pone a “pensar” y expulsa su verborrea, parece indicar que el contenido de todo pensamiento verbalizado, hablado o no, es igual de incoherente e inconexo. Las palabras son tan vacías como el silencio, y contribuyen aún más a la incertidumbre. El silencio en Beckett funciona mucho mejor que un espacio blanco entre párrafos: sólo en el teatro “could Beckett’s sense that any deep truth must be located in something, or nothing, beyond speech come across with great immediacy.”[5]

Las relaciones entre los personajes están, en el caso de Lucky y Pozzo, bastante definidas, y en el caso de Vladimir y Estragón, no tanto. En general Luck y Pozzo parecen tener todo mucho más definido: sus gustos, sus actividades, sus obligaciones y el sentido de su existencia, pero es importante recordar que eso es lo que parece. Vladimir y Estragón nunca estarían satisfechos jugando a “amo y esclavo”, aunque lo consideran. Ambos tienen un carácter de indefinido que puede adoptar cualquier rol: el de dos ladrones, el de hermanos bíblicos, el de dos hombres que se quieren colgar, pero esencialmente, son sólo dos. Son el arquetipo del uno y el otro.

El tiempo también se divide en dos: son dos actos, dos encuentros con otros dos, dos niños con noticias de Godot. Al leer los dos, vemos la poca identidad que mantienen las personas y el carácter cíclico de sus reacciones. Nada se mantiene porque nada tampoco avanza y debemos creer que así será todos los días, borrón y cuenta nueva, nuevas arbitrariedades sin causa o consecuencia. Sin embargo, queda también incierto esto, porque en parte sí sentimos el tiempo: un Vladimir más escéptico, un Pozzo desencantado. El hecho de que sean dos actos no aclara, sino que desorbita. No permite generar un sistema de congruencias y los cambios o movimientos que ocurren de un acto al otro, por sólo ocurrir una vez, son inmedibles.

La obra es bastante perturbadora si se toman las implicaciones de que finalmente ése sea el carácter de nuestra propia existencia: aferrados a un punto de referencia claro, matando el tiempo, buscando identidad en el otro, esperando y a la vez temiendo un ser superior que nos dé sentido, manteniendo la ilusión cada vez más resbaladiza de la comunicación y la linealidad del tiempo, la vida es angustiantemente incierta y absurda. Eso es lo que nos transmite Beckett.

Con todas sus diferencias, en ambas obras el silencio y el movimiento físico se aprovechan como recursos teatrales para enfatizar la visión de cada autor, demostrando que por más radicalmente opuestos que sean los objetivos artísticos y los planteamientos filosóficos de dos autores, serán efectivos en cuanto a que respondan a las características del medio de expresión elegido. Ibsen explota el medio teatral porque le permite reproducir una escena cotidiana con lujos de detalle (visual, verbal y sonoro) y darle la oportunidad al espectador de espiarla y fundirse en el silencio y la oscuridad detrás de la cuarta pared. Con este medio, puede ser sutil; el ojo capta más de lo que los diálogos solitos revelan y el espectador mismo inspecciona la escena: los gestos, los tonos de voz, los objetos. Beckett responde al agotamiento de estas formas, en un mundo donde además ya apareció la foto, el cine; bien entrado en la posmodernidad. Explota el medio teatral para que el espectador viva, temporalmente, la filosofía absurda que intenta comunicar pero que no basta con palabras. El espectador se siente parte de la obra, ya no como observador sino como cómplice involuntario, por no decir víctima impotente.

Por ser representantes tan distintos de realidades tan distintas, las apreciaciones de Ibsen y Beckett se enriquecen mutuamente. Ibsen representa una era moderna que se aleja del idealismo y se dirige al realismo. Beckett representa una era posmoderna que padece la muerte de Dios y los grandes relatos y desafía las formas expresivas del realismo convencional. Ibsen imagina una liberación mediante el enfrentamiento con la realidad. El héroe absurdo de Beckett protagoniza el arte posmoderno reconociendo, con una nostalgia desesperanzada de unidad, la imposibilidad de la salvación.

[1] Kundera, Milan. Los testamentos traicionados. Ed. Tusquets, México, 1993. p. 67
[2] http://www.nybooks.com/articles/archives/2006/jul/13/beckett-still-stirring/
[3] Ibid.
[4] Ibid.
[5] Ibid.

23 oct. 2010

My Love

One two tears for four years welcome back black pants bring bed to sands bring head to strands start at my belly button up and then the zipper down take your cold hand and place it there on the tan line the walls and strike the whys and all the reasons for the sighs and signals at a lamp post London rain it bit so hard it hit the sidewalk until it walked on its side and maybe an owl hid behind the mind brought bleak correspondence from tile to shower tile the speakers dead a while but dial redial redial denial a whiff of amber moon in some strange hill where goddess fog speaks through the fire and smoke sails the sheet its smell rancid soft warm sex lingers and it won’t go away a game of climb and soar don’t snore blow nose tissues fall apart fingers part the hair it reddens in the black reflection of silk screens the toil of lion’s mane I love to tame and rake like pebbles made on garden fence the talking hills and flower thrills I smothered pieces through curves of highway homes and deserts thick but empty threshold where shadows moved throat sore words gone cigarettes instead of friends like all your toes like toads and turtle smile neck can’t let go four long back tears stream black plants don’t leave three goodbyes unwanted white shirt leave couch to dust leave legs to trunk end at my mouth corner and then the ear edge bring your hot tongue and move it here on the milk spot dot the ceiling and lift the answers and all the questions of the laughs and symbols at a post office Paris snow it nibbled so soft it grazed the grass until it fluttered round and maybe a snake slithered from around the heart hid bright subtleties from smile to falser smile the dancers much alive so send resend resend respend a spray of amethyst cloud in some strange valley where god mist screams through the lighting and foam navigates the blanket its texture stifling prickly stale chaste trembling and it won’t stay a sermon of plummet and struggle don’t score suck eyelashes lost architect rebuild vertebras slide the spine it whitens in the grey mirror of wool pools the soil of wolf’s bane I hate to shame and clutter like leaves left on terrace gate the whispering caves and mushroom gurgles I sprinkled pieces through lines of ice lands and thin savannas but empty threshold where shadows moved throat sore words gone cigarettes instead of friends like all your toes like toads and turtle smile neck don’t let go one two three four and to a hundred.

21 oct. 2010

Sometime

A clay flower in the grey combustion
A salty note of alternating cloud and sigh
Found voices from its childhood
Repeating themselves in echoes all the time,
Found that the violence in those who are
The opposite of a good person but unsatisfied,
Stinged it. Burned it dry.

Took unmatched elixirs and
Created wet volcanoes inside.
Jumped the fence
Every time it talked,
And laughed about it loudly.
Deaf like lights are blind,
But dubious is the value of its words,
Sounds.
So much darker,
Darker than its words:
A clown, tired of explaining the farce.
Its violence, what they call bitter,
It hid behind the idiot smile,
All covered in dirt, all melted clay.

And that was its future, for a long time.

11 oct. 2010

Salty

I could only describe her as salty. The saltiest woman I ever met. At first I thought she was sweet. One makes that mistake. She is much more moderate, and yet not so light. She can go with everything, but steals its taste. Her smile is twisted, and she pours tears on it all. She is full of smells and licours. She loves water but kills it with one touch, nobody can drink it now to feel better. She is not fresh, she will not take you back to cool springs or flower elixirs. She has a mine inside her, a black hole that devours; the spleen and nostalgia, the lunatic relativity, all stifled frustration, a scream heavily stretched out in space and time. She only sprinkles salt. She could never be sour. Puckering her lips and being sarcastic is not the same as getting a kick out of sharp distortion, out of pungent acid. She tends to the subtle and opaque. One day she may be bitter, like once she was sweet, but salt is a world of its own really, since it does spice things up naturally and through no art of its own... only a detonator. The salt in her is also a detonator, it makes her a stranger to her liquid cells and blinky eyes; the tickles, the second, third, fourth voices, the insecurity and the criticism and the negativity she seems to startle others with, others plainer or sweeter or bitter or sour, so alive in their extreme game. Salt is relative and ranging. Salt is a wrinkled thing of old age. It knows death is a wonderful dissolving in oceans vast. Salt wishes she didn't spice, but was spiced. Why is the world a place of incompatibility, where nothing mirrors, where what gives cannot receive, and where power is a burden and leads to longing? Salt seems to say: wait a second. Strong and antisocial, clumsy at seduction (easily goes over the top and makes a nauseating dish). Salt can't stop presenting sides and pointing at none, staying immobilized.

She feels this salt as a funny scratch in her throat. Salty: uncomfortable, prickly. She has tried to water it down with many charms. Maybe someone could love her, but not for too long.

6 oct. 2010

Crimes and misdemeanors

En este ensayo se hablará del suicidio en la película de Crimes and Misdemeanors relacionándolo mediante un análisis de personajes y de trama para intentar explicar el suicidio del Louis Levy. Ese personaje dentro de la película tiene una función dramática importante, e intentaré vincular lo demás con esto al final.

Para tocar el suicidio, es mucho más relevante la vida que la muerte. Y en lo que toca a la vida, inmediatamente se interponen la Realidad, Dios, la Verdad, la Trascendencia, el Amor, el Éxito, la Justicia, y muchas más palabras humanas que deberían llevar mayúscula siempre. Todos estos temas y más se entrelazan en la película de Woody Allen en las historias paralelas de los dos protagonistas.

Son antitéticos, dos caras de una moneda porque ambos comparten ciertos fracasos y cierta ingenuidad. Ambos tienen que superar ciertos desencantos con lo que los demás les demuestran es la Realidad, y la forma en que lo hacen es contraria. Judah Rosenthal vive en un mundo de apariencias: erudición, placeres de la vida, clase, valores promocionados y enfatizados en perfecta armonía. Los “ojos penetrantes de Dios” que sintió desde chiquito por su educación judía fueron remplazados por escepticismo –pero por algo se volvió oftalmólogo. La vida religiosa la cambió por la científica, pero ciertas ideas se quedan en la mente de un joven. Su vida se encuentra en crisis porque lo han alcanzado las consecuencias de sus impulsos; llámese amor, llámese inquietud, llámese lujuria. En su primera confrontación, con un hombre religioso, la confianza se establece con la mención del respeto: parece que lo que los une es un reconocimiento de fibra moral en el otro. El doctor le atribuye sus errores al “calor del momento” y las “pasiones”, y el hombre religioso le señala que los conocimientos no brindan la sabiduría que se necesita para prescindir de tales superficialidades. Enfatiza la importancia de la confesión y el perdón. Suena fácil, pero el doctor sólo tiene chispas de esas nociones, y sabe que la Realidad no se ajusta a esos códigos.

En un segundo encuentro, Judah habla con un hombre que vive de ensuciarse las manos. Muchos lo tenemos que hacer, alega, y lo que hacemos también es por personas como tú. La vida es Hardball, y hay que saber jugar. El doctor tampoco puede aceptar esto, cree en lo humano y en que no es natural matar a sangre fría. ¿Qué con el Amor? ¿Qué con la Vida? Nos empezamos a dar cuenta que la aparente seguridad del doctor es tan frágil que no tiene un solo elemento con que defenderse; no sabe decir que no y no sabe decir que sí. Al final decide dejarse convencer por lo Lógico, lo más Realista. También es lo fácil, lo que no requiere que salga de sí y se arriesgue. El riesgo fue consigo mismo, y al principio pierde, porque esas chispas de nociones eran lo suficiente para que la culpa la supiera sentir en todo el cuerpo.

Aquí nos detenemos para conocer a su antítesis. Cliff Stern es una persona que no sabe actuar en contra de sus principios, que sólo ve en la gente su actitud. Es un intelectual y amante del arte, digamos que cree en la Palabra, y cree en el Amor. Dejaría en cualquier momento su matrimonio fallido por el verdadero amor. No sólo su matrimonio es un fracaso, parece que vive de aspiraciones altas y no cumplidas. Mientras que Judah, entre su amorío destructivo y su matrimonio sofocante, ante cualquier descuido es tragado por la vida, Cliff tiene demasiada vida para el mundo, que no es como él de comprometido. Esta especie de ceguera ante el mundo lo permite ser contradictorio y, siendo tan diferente, sentirse identificado todo el tiempo. También entorpece sus habilidades de seducción, lo cual no es un problema para Judah (al contrario, parece que se le pasa la mano). Mientras que el cineasta parece tener sed de elocuencia, el doctor tiene sed de verdad: ambos buscan lo que los integraría con su realidad pero no lo logran encontrar del todo.

Tanto Cliff como Judah representan combinaciones distintas de inocencia y desilusión. La diferencia está en su éxito, y esto tendrá mucho que ver con el tema del suicidio. Lo que Judah siempre tuvo fue fuerza para más que sobrevivir –sobresalir, y es lo que le permite superar su culpa al final. Reconoce que sus prioridades al final del día son, en un mundo estable, disfrutar de su buena comida, buen vino, y bella mujer que le dice con un beso lo bien que luce hoy. Judah se ajusta a la retórica más efectiva de “ellos también lo hacen”. Sólo el ingenuo Cliff cree que la realidad no se basa en procesos de racionalización y negación, pero no tiene los resultados que esos procesos brindan, aparentemente. No puede evitar creer en lo único que le da sentido a la vida: lo que expresan los filósofos y los artistas y lo que el amor, en todas sus manifestaciones, lo han hecho sentir. Judah lo acusa de creer en las ficciones, y de nuevo aparece esta idea de realidad que los separa, aunque el final parece sugerir que la de Judah, queramos o no, es más real porque rige.

Entonces en esta Realidad… ahora cobra relevancia la figura del filósofo israelí, Louis Levy. Es una figura emblemática que toca los temas fundamentales en los corazones de los protagonistas y que con su voz profética da respuestas, fuera del tiempo porque es a la vez filósofo y a la vez judío vinculado al Antiguo Testamento.

En su discurso, resalta la idea del amor. “What we are aiming for when we fall in love is a very strange paradox: we are seeking to re-find all or some of the people to whom we were attached as children, and we ask the other to correct the wrongs those parents and siblings inflicted on us when we were little. This contains the contradiction”. En el amor está el refugio siempre insuficiente ante el mundo, que es frío. La contradicción, como la elocuencia del amor y de estas palabras, se alzan como Dios en el corazón de Cliff. Ve a Louis Levi como un símbolo de éxito y plenitud, alguien que le ha dado vida a sus palabras mediante las acciones. Cuando éste se suicida, Cliff sólo ve la contradicción, pero yo creo que en lo que hay concordancia es entre la filosofía de Levy y su último acto. Él sostenía que vivimos del amor desde que nacemos, pero a veces no es suficiente. En cuanto dejó de serlo, se suicidó.


Este suicidio coincide con varios choques en la película, varias erupciones de realidad y conversiones de personajes. Judah mata su culpa, la mujer que Cliff idealizaba demuestra ser otra más, indispuesta a vivir en las nubes. Cliff entra en una crisis que lo lleva a cuestionar por un lado la filosofía de Levi y por otro su propia vida. Resulta que entonces es, en todos sentidos, un fracaso. El proceso de Cliff es, sin que se dé cuenta del todo, el descubrimiento de que los hombres morales, idealistas, son fracasados moralmente o suicidas (el segundo es cuestión de tiempo). El suicida claramente reacciona ante la relación discordante entre sus valores morales humanos y su articulación y validez con la realidad. O viven como fracasados, o tienen éxito y logran hacer realidad el Amor y el Arte, pero éstos se agotan en cuestión de tiempo. Entonces, fracasarán o, según Louis Levi, se suicidarán.

El suicidio es la opción de los exitosos, de los realmente vitales. La otra opción es matar, verdaderamente, los valores morales. Así no habrá discordancia entre la moral y la realidad, aunque cuestionablemente ya no se será humano. Así, el verdadero suicidio se vuelve un anti-suicidio, un evitar matar lo humano, que es distinto del humano. Ni Cliff ni Judah son realmente suicidas, no son hombres completos como Levi que mediante el suicidio enmiendan esta ruptura entre Moral y Realidad. Pero sí son suicidas en la medida que permiten la muerte de una o de la otra. ¿Quién de los tres muere “más”? ¿Cuál es un crimen y cuál un delito menor? Por las profundidades que alcanza, Crimes and Misdemeanors es probablemente de las películas más trágicas de Woody Allen, aunque en ella misma se comprueba que la comedia sólo es “tragedia más tiempo”, así que sólo un cambio de posición vuelve ridículos estos personajes, con sus torpes tropiezos y patéticos dilemas.


3 oct. 2010

Génesis musical

1) Eternidad
Rozo la eternidad, que no me pertenece.

2) El verbo

3) Babel… ¿ambiguamente?
Mundo de signos.
Selva oscura, hombre error,
Alguien se equivocó, alguien se muy equivocó

4) Camino largo para volver a ser animal
Esconderse.

Palabra tentativa, ¡no realidades tu recuerdo!

Diálogo entre los tiempos, crestas.
Ética adelante, estética atrás.
Por eso las bellas artes.

5) Desprendimiento del cuerpo
Confines, pesado yo.
Camino a la otra punta, y sigo siendo yo.
Cosas, que somos.
Creímos que crear nos liberaba, pero son demasiados retratos.

6) Naturaleza en pantallas poetizada.
Hombres que son muy loqueson + loquesiemprehansido = loquesido
Cosas que son muy loquequierenser + loquequierenquesean = loquenser
...Que te hablen de movimiento.

7) Espacio se estanca
Se van derritiendo las paredes, caen pedazos de techo.
Memoria esencial
Se reduce a bailes geométricos.

8) Música pictórica, rítmica visual.
Trance
Dulce, a tiempo, con violencia.
Zoom out –

9) Condensar, acomodar en viejas fórmulas.

10) Olvidar a leer.
Olvidar viejas luchas.
Desaceleración crónica.

11) Crónico todo.

12) Éxtasis, regreso.

1 oct. 2010

El artista como profeta

El escritor recibe el nombre de artista: el llamado, o el que anuncia. El escritor es un mensajero y un intérprete del lenguaje y la verdad humana. Los artistas tienen conciencia del origen divino de su mensaje: lo presentan diciendo: “Así dice la sabiduría primitiva”, o “valores humanos”, o “conciencia”.

Este arte que les llega es más fuerte que ellos y no lo pueden acallar. El llamamiento del arte es irresistible y convierte toda o parte de la vida del artista en arte vivo. El mensaje artístico llega al artista de muchas maneras: por observar, por escuchar o, la mayoría de las veces, por inspiración interior, ya de improviso, ya con ocasión de una circunstancia trivial. El artista, a su vez, transmite el mensaje en formas igualmente variadas. El escritor, por ejemplo, puede expresarse en poesía, cuento, alegoría, o estilo oracular.

Esta variedad en la recepción y expresión del mensaje depende en gran parte del temperamento personal y de las dotes naturales de cada artista, pero encubre una identidad fundamental: todo verdadero artista tiene viva conciencia de no ser más que un instrumento, de que el arte que produce a la vez es y no es suya. Tiene la convicción inquebrantable de que ha recibido una revelación de conciencia y debe comunicarla.

Fuera de algunos casos aislados, el mensaje artístico se dirige no a un individuo, sino a sus contemporáneos, a quienes representa, o bien a toda la humanidad. Y atañe al presente y al futuro. El artista es enviado a sus contemporáneos, les transmite los deseos eternos. Pero, en cuanto es intérprete de la verdad, se halla por encima del tiempo, y la historia del hombre viene a confirmar sus juicios.

El artista está seguro de hablar en nombre de la verdad. Pero ¿cómo reconocerán sus oyentes que es realmente un artista? Hay dos criterios, según la tradición: la comprobación en la experiencia, en el mundo real, o la conformidad con los principios y valores, ideales del hombre.
En resumen: el artista es un hombre que tiene una experiencia inmediata de conciencia, que ha recibido la inspiración de su verdad y voluntad, que juzga el presente y ve el futuro a la luz de un poder superior que recibe para recordar a los hombres sus exigencias y llevarlos por la senda de la paz y del amor.

***** NOTA IMPORTANTÍSIMA: La extrañeza de este texto no viene de su torpe redacción, sino de su tal vez torpe adaptación. El texto no lo redacté yo: sustituí palabras y conceptos claves en la introducción a los profetas bíblicos que se encuentra en el Antiguo Testamento, en este caso, de una edición española, católica, Nueva Biblia de Jerusalén. Consúltese para comparar.

28 sept. 2010

It would be a bit like this...

This is painful in itself, it is. This walkin’ about, lookin' fer shade among the trees. It tires ya to rest. It tires ya to scratch yer head and feel a little bit older, life taken through the scope of a tele(phone) or micro(wave) on most occasions. I’ve gotten pretty used to it, fathom. But the pain is none the less. The pain it like seeps in, and stays in yer leg muscles and such, squeezing. Ya suddenly lose the blood in yer fingers; ya find yerself pressin 'em to feel they’re there. There there, this is the place where ya come to deteriorate, choosin un-life or un-choosin life as any person of spleen ought.

Salamander looks at the cherries, looks at the bird feathers, dreamlike. Salamander remembers a home but much further, further up the hill. Hills called mountains, mountains called ocean waves and ocean waves called sky, called stars called fire called creation. He flies off like a rabbit.

Three girls: Violet, Scarlet, and Amber. Combing their hair above the reflecting pool yonder. Amber combs her own, while looking at Scarlet, who looks at Violet looking at Amber. Amber’s hair is coral, swaying happily amidst salty breezes, glad of spongy qualities, vibrant. Violet has tufts and stalks of hair, solid seeming, glossy. She twists and bends the strands. Scarlet’s hair is wheat like the sun, it shines on morning to confound her zeal. She combs with her fingers, and they float lightly, like sails.

Three girls in a village tower: Consuelo, Amparo, and Soledad. Knitting in black darkness. Knitting in stale and absent light. Eyes of men peeking through the crooked windows, glistening amethyst. When you take plans from underneath their skirts, they feel the loss of lover’s seasons, they almost stumble from the dizziness of not understanding what their lives are about now. Plans, just seeds of time, they grow prematurely inside them. Only content when knitting plans, smile stiffly when they come, grow impatient and poke their fingers with the needles, silently. They bleed, a little. Bit and bits and bites along their nail lines. Again they knit, again they skit. A bit, a bit.

A couple of couple of couple of couples walk up and down rolling hills, screaming at each other “Who the hell did I marry!?” every time they reach the top. If they ever reach the curling end, they will reach the field of bubbles, the funniest place in the land, where each person rolls inside their gelatinous chamber, a distorted reality now a necessity.

Arguing atop the trees, innocence and disillusion sometimes stop to split a wishbone.

Blind bees around abandoned hives flowing with honey buzz “Fiction! Fiction!”, and some stray rebellious ones can be heard to buzz “Fickle!” or “First!”

Sparks of Notions are enough to illuminate the offices of twenty-five accountants who calculate Dimensions, rapt withal.

The doctor and the filmmaker. Going to the beach for oysters? The doctor starts believing in God, and starts drinking. The filmmaker is never successful: lives off aspirations, can only see attitudes; no prominence, no one telling him he looks beautiful tonight, with a kiss. The doctor is hungry for truth, the filmmaker is thirsty for eloquence.

Ya thought the dream was easy, but it is painful in itself, ya see. Nowhere to turn, no buttons even on yer shirt. Ye’re in the filmmaker’s dream now, ya see? That creepin ache is wine, replacin blood. Ya can call me Doc, I know what's good for ya, old chap. Hic!* Just don't wake up, ya hear? First things first. Things first.

So, can ya show me where it hurts?

25 sept. 2010

Space and silence, alone and ancient

Silence and space.
We have forgotten
We are alone
But we’re only forgetting,
And the paint peels off the wall.

Surrounding ourselves with noise, babble,
We don’t like the darkness of
The garden anymore
And its boisterous treasures,
But we ignore that truly
Only the earth stays solid below us
And it could be us and her only
If something happened or we
Stepped aside, and in reality
Everything and body passes around us.

Only things like objects
Can we cling on to discriminately,
Instruments even better, as we
Begin to look like robots.
But they are empty ships,
Sailing no ocean.
The earth stays solid.

Space and silence.
We are alone and ancient.

15 sept. 2010

Sonnet

Do false muses lead my poet’s voice?
An addiction to confusion drives my art
(And music, drugs, and matters of the heart)
To sell my complex ego as more than noise.

The worth in notes I take when torn apart,
Writ in third person as a pretentious choice
To cover up a self-defleting poise,
Is knowledge of the life I wish to start.

But can’t. I should stay calm? It’s not so bad
While Milton complained of too little flowers
That I too much, in my world Rimbaud’s dead:

His silence makes us grave and drives us mad,
Resolves, if not, to reach the patient powers
Of prolonging our desperate search instead.

6 sept. 2010

The Last Pages of the Next Notebook

Here I felt time slower
Then.

Here I felt it faster
When...

Where I felt it not at all:
A distant shore,
A wing-beat in my hand
A mind-consuming cackle back on land.

Poetry's rythm speaks
Quality of time
Life's sail's aspiration is to stay
On course a relative river that forgets
How long it stood or stared at what
Because it steals the sailor away.

But with our feet on the ground
Realistically we'd storytell:
Saying not what we saw, felt, did
But how we jumped or hid,
What time was like,
As when we dream and,
Fast on the bed,
Time takes us for a ride.

To WH Auden

Every
Thing
Breathes
Now,
And everything that had excited me
Did not detain
The emptiness of this rainy room and its regardless inmobility.

Telling me how to write, and
Being right about it
You have killed all hope
In form and fancy, and
Have made me rapidly reach for my notebook.

I thirst! for poems again, not those
I feel inside that I will never know to write
But those in books that streak some color on my fruitless
All too sensitive all to sensible
Uncomfortably
Twisted tired, sleepy dreamless
Undecided
Mind that minds.

5 sept. 2010

Egoísmo

El error parte de ver belleza en el otro y confundirlo con tu propio reflejo. Sólo nuestro propio reflejo nos puede dar tranquilidad, no nos gusta lo desconocido. Pero los demás no son espejos, y sí son diferentes. Para entender el egoísmo del hombre, no necesitamos más que analizar los valores que rigen su interacción social. Todas sus conductas parten de un impulso velado de buscar espejos en los demás, y el lenguaje es el ejemplo más representativo. Esta necesidad de buscar espejos es la reacción ante un sentimiento de paranoia, tan humano como el egoísmo y paralelo a éste. El lenguaje, en un sentido más general, está en toda interacción, pero como una respuesta natural y funcional que busca hacer visible algo para alguien más. Un pájaro canta porque sabe quién es y dónde está, y su melodía se funde con su entorno. Los animales no se reconocen en un espejo. La utilidad del lenguaje humano tiene una dimensión mucho más compleja que parte de la condición angustiante de la identidad del hombre: fragmentada. El hombre habla con preguntas, y habla para expresar sus inquietudes. Sigue siendo utilitario su lenguaje, pero se disfraza esta utilidad de muchas formas, por pura inercia. Tanto el lenguaje como la sociedad pueden girar en sus engranes gracias a todo lo que asumimos en un contrato tácito, con el cual mantenemos una relación contradictoria de rechazo y aceptación.

Cuando hablamos, asumimos que el otro está escuchando; la mayoría de las veces asumimos su interés. Cuando nos responde, asumimos que nos entendió. Nos interesa su respuesta porque puede confirmar lo que pensábamos y si lo hace, nos identificamos con él y asumimos que piensa como nosotros. Si no lo hace, tenemos una oportunidad para convencerlo mediante el diálogo, realmente hablando para convencernos a nosotros mismos. Presuponemos el diálogo cuando muchas veces hacemos en nuestra mente una síntesis de la conversación, un monólogo donde varias voces siguieron un mismo hilo, donde la distinción de voces es sólo una ilusoria repartición espacial. Nos acercamos más al diálogo cuando netamente conversamos hacia adentro, cuando sabemos que no hay pretensiones de autoengaño y la distinción de voces es muy real, justamente porque esos discursos sólo nos sirven a nosotros y no se pueden traducir: no aclaran nada. Nos hacen sentir egocéntricos y esto nos pone ansiosos. A todos nos dificulta mentirnos a nosotros mismos, pero es el arte que ha perfeccionado el hombre, desconociendo e ignorando ciertas voces que lo hacen sentir diferentes, locos. No van con el cuadro que nos han pintado, con el teatro de apariencias que es la sociedad.

La incomodidad que cada persona tiene con esta consciencia del egoísmo determina su sed por la comunicación. Ésta es una sed constante que saciamos como camellos, almacenando los rostros y las palabras de quienes interactuaron con nosotros y generando apego. No sé si los que menos interactúan son menos sedientos o mejores camellos, pero definitivamente hablamos por insuficiencia. Lo interesante es la facilidad con la cual nos creemos nuestro propio juego; así se disfraza el lenguaje y la interacción social: como manifestaciones no egoístas del hombre. Y tiene algo de razón, porque quien reniega de ser egoísta de cierta forma lo es menos. Quien más huye de ese egoísmo más padece la sociedad y más enserio se toma sus reglas. Pero no es menos egoísta en el sentido de que viene de un sentimiento paranoico: siente que los demás no le permitirán ser egoísta y se siente amenazado, no sabe qué hacer con el otro, que es una multitud y él sólo es uno. Si el hombre no estuviera acompañado, no se sentiría solo, y tampoco se sentiría egoísta. Sólo lo sería. ¡Pero qué más egoísta que la paranoia, patología de darse demasiada importancia en los intereses de los demás! Siempre verá a los demás como parte de la multitud y a sí mismo como uno. Así que poniéndose una máscara para ocultar su desbordante ego, disfraza su desconfianza como generosidad de espíritu. Entonces lo que se nos olvida es que nuestra lectura de las interacciones con los otros parte de esa paranoia y es totalmente egocéntrica; damos por hecho que todos los involucrados vivieron lo mismo, y nos exponemos a decepciones y desilusiones por un lado, y reproches y críticas por el otro. Es un ciclo desgastante, y son pocas las personas que realmente se vuelven nuestros cómplices, que es lo que realmente buscamos. Si va a existir el otro, mínimo que no nos haga conscientes todo el tiempo de lo subjetivas que son nuestras percepciones. Esto alimenta nuestra paranoia y es porque seguimos creyendo vagamente en lo objetivo, en algo que está fuera del sujeto, y en este sentido somos, mucho antes que realmente egoístas, seres que no están seguros de que existen.

Por eso yo he jugado con la idea de transformar la comunicación y nuestra idea de diálogo. Menos desgastante pero mucho más difícil de lograr sería un mundo donde todos habláramos solos, demostrando que no nos sentimos solos, y profundizáramos y trivializáramos nuestra experiencia por medio de palabras, automáticamente. Hablaríamos sin tanto ocio, sin tantas preguntas que ya saben qué respuesta quieren oír, y nos daría igual quién de todos nos escuchara. Finalmente todos son el otro. Podríamos realmente nutrirnos de sus palabras porque serían auténticas, y serían auténticamente otras realidades, y ya no necesitando lo objetivo, nuestro mayor placer sería enriquecer nuestra experiencia subjetiva con perspectivas distintas o puntos de vista que no se nos habían ocurrido. La información en sí sí contribuye a la poética de la realidad. Viviríamos perfeccionándonos como individuos (según nosotros), en la autocrítica y auto-contemplación. También disfrutaríamos del glorioso placer de olvidar y perder el hilo, no tomaríamos todo tan en serio. Cuando habláramos, estaríamos seguros de estar viendo las cosas como queremos y de estar viviendo. Posiblemente hablaríamos tanto que sería raro escuchar, pero dependiendo del valor de lo que escuchemos, según nuestro criterio firme y seguro de sí mismo, nuestros hábitos cambiarían. Posiblemente terminaríamos guardando silencio porque ya no tendríamos nada que decir; llegaríamos a que no somos nada más que un receptáculo de lo que nos rodea e impulsa a flotar en un mar de estímulos: mundo, agente activo; nosotros, agente pasivo. Muy probablemente cada quién lo viviría distinto: algunos no pararían de hablar, algunos no pararían de ver, algunos no pararían de tocar y correr, algunos no pararían de oír, y ninguno se sentiría loco. Eliminaríamos el problema del otro porque volveríamos a estar solos, crearíamos un circo donde todo tendría sentido, donde todo sería símbolo porque el valor es simbólico y su código es subjetivo. Nada de signos que nos dicen a todos lo mismo.

El hombre por naturaleza es egoísta, pero no vive su naturaleza completamente porque le ha puesto límites a su lenguaje, “para mayor comprensión”, y porque ha creado sociedad. Está en su naturaleza de medio para un fin (el hombre inacabado, indefinido, en constante renovación) haber creado esas cosas. Pero el hombre completo, el hombre como fin, es el hombre que puede vivir su naturaleza egoísta sin temores y sin paranoia. Por eso los escritores, la mayoría de las veces ejemplos extremos de fe en el lenguaje y necesidad de expresarse y mucho menos veces simplemente hombres que tienen mucho que decir, se quedan siempre en el medio, en la insuficiencia de traducir la vida en palabras: no conciben el fin como una forma de vida y la vida es un medio hasta... ¿que llega a su fin? Tal vez me equivoco y la verdadera naturaleza del hombre es ésa: la de seguir fragmentado y peleando consigo mismo.

30 ago. 2010

Nuestro fuego

¡Hay que matar al
vomitador de palabras!
Al azul frío de
nuestro fuego
de cuerpo y sueños,
la base de la
sedienta llama
que le recuerda
y la llama (nombra),
la cuerda (verbo
que fluye abismos
creýéndose tierra
y es puro espejismo
con ojos de hielo).
¡Pero verdad!
¡Es la parte más caliente!

28 ago. 2010

Devendra Banhart

¿Por qué decimos que la música nos "eleva", o que es "el viaje puro, puro viaje"? Hay algo en la música de movimiento, de flujo, de aire y agua que mata la gravedad de la tierra. La música incita los ojos: lo que vemos se ajusta a un nuevo (des)orden y baila. Si decidimos no ver, la música dibuja figuras coloridas y móviles. No tiene nada de estático la música, y nos permite desenvolvernos como podemos en sueños, o en el mar, donde nada pesa.

Pero también hay algo de la música inseparable de la tierra, del hogar. La música sabia y conciente vuela como un papalote, celebrando en el vuelo el placer de tocar tierra y tener centro, placer que cualquier marinero conoce después de largas noches en tormentas vertiginosas. Sin ser confesional, la poesía es siempre de la sangre, y siguiendo esta noción de hacer vibrar con contenido real la expresión artística, la música es siempre de la tierra. Yo escuchaba Devendra en mi nueva casa abriendo cajas de mudanza, con luz tenue y la compañía fibrosa de mi mamá y mi mejor amiga. La voz profunda y desvergonzada de Devendra, expresiva pero juguetona, que a ratos se ausentaba para experimentar con las sutilezas de suaves acordes acústicos, encajó con todas y ayudó impulsar las primeras experiencias hogareñas en el nuevo espacio. El sentimiento incompleto de hogar siempre tiene en el fondo la añoranza. Hermosa añoranza, añoranza quieta, añoranza aceptada que flota y... eleva. Eleva con todo y las cajas, paredes, piso, y perrita.

Era díficil saber qué esperar en un concierto; definitivamente es música más privada, a lo mucho para reunirse con una bola de buenos amigos en una sala semi-oscura o bien en un picnic en el bosque. Aseguro que varios se desconcertaron, placenteramente, al estar en un concierto de la música que acostumbran escuchar tirados en su cama después de unos buenos toques. Cerraban los ojos y se sentían en su cuarto... definitivamente la forma de disfrutar este concierto era cerrando los ojos y dejando que las sutilezas del viaje te arrullaran. Pero fue muy difícil lograr adentrarse. O uno se adentraba mucho, y casi se quedaba dormido; despertaba casi chocando con la persona de al lado que muchas veces parecía no estar poniendo atención. Si no, los vendedores de cerveza pasaban entre la gente, la multitud platicaba entre sí, se conocía, intercambiaba eufóricamente encendedores, vasos y cigarros, como si el concierto estuviera de fondo. Y es que simplemente, el sonido no estaba tan bueno. Varias veces llegó a rechinar con tanto estruendo que tuve que suspender el esfuerzo de apreciar lo que tocaba y apretar los labios en disonancia.

Aunque es difícil saber qué esperar, uno definitivamente fantasea. Idealiza, imagina lo que la música misma a ellos les transmite que debería ser un concierto en vivo, con qué ambiente y con qué gente. Yo en mi volada cabecita imaginaba el salón vuelto paraíso psicodélico, el escenario extrañamente al nivel del piso, Devendra con pelo largo y barbota, quizá con un porro en la mano, haciendo sonar su voz pura mientras todos los freaks pandrosos bailaban a su alrededor, sintiéndose en comunidad. Me imaginaba encontrándome al chico hermoso que ya dos veces me topo en la entrada de mi edificio y que, ya dos veces, me dijo que no vive ahí pero me preguntó mi nombre, y la segunda vez, mi número de departamento. Nos reconocíamos desde el otro lado del cuarto y todos nos abrían paso hasta que nos acercábamos, y sin palabras, celebrábamos la climática fatalidad de nuestros encuentros casuales. Devendra improvisaba una canción en nuestro honor. Temo que a veces es mejor no ir a ciertos conciertos porque uno los idealiza tan, tan trágicamente, mal.

Lo primero que imaginé mal y confirmé desde antes de entrar, fue la gente. Definitivamente la música que yo más creo "de la tierra y del pueblo", en un país como el nuestro que además está en crisis económica, es mercado para muchos fresas. Verdaderamente hubo de todo, pero hubo mucho de personas que sabes, porque se nota, que no viven esa música de la misma forma que tú. Y no está mal, simplemente sorprende. También imaginé mal la apariencia y la actitud de Devendra, que lejos de ser el personaje hipnotizante y bizarro que yo imaginaba, sin pelo largo o vestimenta fuera de lo común, apenas destacaba en el escenario.

Finalmente, fue una combinación de presencia débil en el escenario y respuesta débil del público que, junto con el mal sonido, y claro, las altas expectativas que había tenido, hizo que mi experiencia fuera más extenuante que placentera. Volteaba mucho a mi alrededor para ver si era yo la del problema: obtuve confirmaciones varias, pero también la confirmación de que es hasta cierto punto ilusoria la comunión en los conciertos; quizá cuando uno lo siente es porque él solito está entrado y se siente conectado con todos. Pero para mí misma, concluí que tener este tipo de revelaciones en un concierto era indicador de que no me había metido en la música, porque cuando es verdaderamente bueno y me absorbe, ni siquiera dudo, no pienso. Creo que lo que no sentí en el concierto fue la quietud y el silencio que palpitan en su música, había demasiado ruido. Tampoco fue tan de mi gusto el repertorio de canciones que eligió, faltaron muchas de mis favoritas.

No dejaré que Devendra caiga de mi gracia como lo que es y siempre ha sido, pero definitivamente su presencia escénica me convenció de su convencionalidad y probablemente poca permanencia en el mundo de la música. Es, tristemente, algo inseguro. Su imagen, que fuerte y bien lograda constituiría una personalidad absorbente, al caer en la artificialidad causa un poco de bochorno, incluso para el espectador consigo mismo.

Sin embargo, hubieron varias canciones que bailé con una sonrisota en la cara, y seguramente si el sonido hubiera estado mejor, mi crítica sería otra. Te queremos, Devendra. Solamente preferiré admirarte y escucharte en la comodidad de mi recámara, idealizando y fantaseando con lo que me transmites sin quererlo.




26 ago. 2010

Para caídas

Constante constantes constante
Es
Instante
Es
Que desde cuándo tienes enferma la voluntad
Que desde cuándo crees que no ves
O ves por virdios borrosos
Imágenes distorcionadas.
Donde desde cuándo tienes enfermo el entendimiento
Donde desde cuándo ves que no crees
O crees por venas amargas
Que aguardan la muerte
Preguntas de estrés.

Que crees la palabra
No la ves
Ya nada lo palpas
Con pies.
Raíces cuelgan…

Tan trabado todo
se ha vuelto un adiós en paracaídas.

24 ago. 2010

La importancia del gel

Entre todas las clasificaciones binarias de gente que existe, siempre me ha parecido la más adecuada la que distingue entre quienes usan gel en el pelo y quienes no. La serie de valores y cosmovisiones que implica el untarse una pomada para la rigidez del cabello tiene una relevancia mucho más profunda que la elección, por ejemplo, de ser o no vegetariano. Decidir ser vegetariano implica una postura activa sobre cierta “limpieza” del cuerpo y una ética ambiental, pero finalmente norma la ingestión de alimentos, algo que no le es siquiera evidente a quienes te rodean. Usar gel también involucra una relación con el cuerpo, pero tiene que ver con algo mucho más importante: los límites geográficos que marca la humanidad.

Fue el año de 1929 en Birmingham, Inglaterra que se introdujo en el mercado una crema para mantener el cabello “en su lugar”. Desde entonces, el gel para el cabello no nos ha abandonado. Ha pasado por distintas épocas de popularidad, notablemente durante los años cincuenta, que decayó en la época de los 60. Es inevitable hacer la asociación entre una década que se caracterizó por el establecimiento de roles sociales rígidos e inamovibles, y roles familiares dentro de éstos, con horarios fijos y rutinarios para normar las actividades, y el aumento en el uso del gel. Hablo, por supuesto, de un fenómeno general que ocurrió en Estados Unidos después del caos de la Segunda Guerra Mundial, donde se solidificaron los principios y valores del American dream. No es coincidencia que en la década siguiente, que se caracterizó por un espíritu de rebeldía ante las fachadas de la sociedad y política occidental y un desenfrenado afán por la creación artística y el cambio, el uso de gel haya disminuido desproporcionalmente. Tampoco es coincidencia que en la década de los 80, con la maduración de otra generación que enfrentó las consecuencias de un renacimiento idealista, como la aparición y propagación del SIDA, junto con el condón, nos hayamos puesto gel de nuevo.

¿Será entonces coincidencia que el gel haya entrado en el mercado el mismo año que cayó la bolsa en la peor crisis económica de los tiempos modernos, posiblemente exceptuando la más reciente? ¿Se debe ver como un augurio o una reacción inmediata a la necesidad de apretar y asegurar? ¿Y qué nos dice el hecho de que el gel haya surgido en Inglaterra? Sin duda fue por algo. Hay un impulso en la humanidad que no gusta de los extremos, de la imaginación desbordante que puede cambiar nuestra relación con el entorno incluso a niveles físicos. En un país que fue el primero en Europa en decapitar al rey, y que es admirado por la creatividad temática, y soltura al elaborarla, de sus escritores, es natural que ese impulso conservador y abrumado salga con algo para encontrar un equilibrio. En este caso, esa fuerza inventó el gel para pelo.

¿Qué motiva este impulso y qué tiene que ver con los límites geográficos? Es evidente que, siendo propia de la humanidad, es mucho más antigua que el gel de pelo, y sería interesante encontrar equivalentes del gel a lo largo de la historia. Ese impulso se activa por el miedo a la pérdida de control y la necesidad de establecer límites fijos. Podríamos decir que nace de la mano de la duda e incertidumbre, síntomas claros del malestar por conciencia y conocimiento. Visto así, la primera reacción ante un salto del hombre fue la aparición de la ropa cuando Adán y Eva terminaron de digerir esa fatal manzana. Ya no eran parte del jardín, vieron y se sintieron vistos, y sintieron la necesidad de ocultarse, de poner una barrera material entre ellos y su entorno.
Poco a poco a lo largo de la historia, fuimos asimilando e incorporando elaboraciones de esta primitiva barrera material (la que tapaba sólo nuestros genitales), como son las camisas, los pantalones, los zapatos, los calzones y, particularmente para la delimitación de las mujeres, los corsés y brassieres. Cada elemento se ha ido absorbiendo hasta pasar desapercibido como algo usual del hombre, de la misma forma que se aceptan como naturales las fronteras cada vez más específicas entre países, y las calles y banquetas en el paisaje que nos rodea. Aunque el enfoque de este ensayo sea, para poder generalizar sin tantas especificaciones, el mundo occidental, es iluminante notar que en varias culturas orientales, mucho más estáticas y ordenadas, la estética siempre ha sido mucho más rígida. Se ha optado por remarcar los límites de los rasgos faciales femeninos y por vestir con ropa muy recta y cuadrada. En China, una fijación por los pies pequeños ha llevado a que las mujeres de la nobleza compriman sus pies con tablas de madera para que no crezcan más de lo deseado. En la religión islámica, la obsesión por separar los límites del cuerpo de la mujer y aislarlo de su entorno ha llevado a la imposición de trajes sofocantes que a veces sólo descubren los ojos: las mujeres siguen pudiendo ver, pero ya nada de ellas es visto.
Entonces, en Occidente… es cierto que se ha acentuado la ambigüedad y relatividad de las ideas y del lenguaje, y por ende, de cualquier sentido absoluto, en el transcurso de la historia. Es donde más se ha cuestionado y rebelado contra regímenes, esquemas y estructuras opresivas e insuficientes; donde más vueltas hemos dado reconociendo y jugando con, no sólo la palabra, sino la palabra que persigue la palabra, no sólo el pensamiento, sino el pensamiento que sabe que se piensa, y es donde más perdidos nos sentimos. Somos la cultura sedienta, la que sabe que Ítaca no se va a ninguna parte y quiere emprender odiseas. Pero de pronto nos damos cuenta que el viaje está en nosotros y entonces llegar a Ítaca no nos brinda ninguna clase de tranquilidad: síndrome del hombre sedentario. ¡Qué tal el espíritu de descubrir Américas donde ahora sí podremos poner en práctica los ideales civilizados en una tabula rasa y lograr las Utopías!… la manzana sólo fue la primera caída, ha habido varias muertes. Varias pérdidas de inocencia. Y con cualquier pérdida de inocencia, viene la culpa. Y la culpa casi nunca se supera. Después de la culpa, viene el gel para el pelo.

Es muy extraño observar, y a mí en lo personal me genera un sentimiento de profunda disonancia, a madres greñudas peinando a sus hijas e hijos con grandes cantidades de gel. Hay más niños que adultos con gel, por lo menos en ciertos sectores de la sociedad, y casi siempre –exceptuando algunos niños creativos que ven en el gel la oportunidad de, en vez de aplastar, ampliar el volumen de su cabello y jugar con su forma (aunque seguramente estas manifestaciones artísticas se ven rápidamente sancionadas por los neuróticos padres) —se quejan de su consistencia incómoda y la comezón de lo duro que tan poco natural es para su pelo. Estos padres parecen estarse adelantando la caída de la infancia y repitiendo el gesto defensivo de ese impulso ordenador una y otra vez. “Tal vez es mejor evitar totalmente una caída: nuestros antepasados erraron, no tienes por qué tropezar por los mismos caminos. Si desde chico tienes principios morales sólidos y un peinado bien aliñado, no tiene por qué ocurrirte ningún mal”.

Un aspecto importante del gel es el carácter liso, duro y brilloso. En las concepciones estéticas del hombre siempre ha habido una preferencia por lo transparente; el agua se ha asociado con pureza, y mientras más brille, más limpia está. Lo liso es preferente a lo rugoso, como nos demuestran las cremas anti-acné y anti-arrugas y, antes de eso, la imagen de la doncella con “piel de nieve” contra la bruja con una gran verruga. No nos gustan las áreas grises, lo turbio, lo mulato. Lo duro da más confianza que lo aguado, como demuestran los programas de fitness para tener un abdomen de acero, y los nudos ya no están de moda desde el Barroco. Entonces, además de sus implicaciones históricas, ideológicas, y psicológicas, el gel tiene un aspecto estético muy importante.

Hoy en día tal vez más que nunca antes (repito, dentro de la cultura Occidental), cada individuo es responsable de sí mismo y toma de una manera activa sus decisiones personales. Hay cada vez más libertad para tapar o destapar lo que uno quiera del cuerpo, incluso de tatuarse o perforarse la piel, y experimentar con el peinado, como consecuencia de nuestro impulso hacia el cambio y la innovación, y se agrupan las tendencias en estilos y modas muy específicas, como consecuencia de nuestra necesidad de separar en pequeños grupos bien delimitados.

Abrazando esta necesidad como parte de mi humanidad, me satisface dibujar una raya gruesa y definitiva entre quienes eligen usar gel y los que no. Siempre dentro del cuadrado se pueden dibujar infinitos cuadritos: habrán consumidores de gel obsesivos que pasen por varios botes en unos meses, habrán quienes recurren al gel en épocas de sus vidas normadas por un trabajo exigente o afectadas por un periodo de paranoia y estrés, y habrán consumidores que en verdad utilizan el gel con fines igual de estéticos que quien decide hacerse un afro. En este último caso, no hay distinción entre el que usa gel y el que se hace el afro, aunque Freud probablemente diría que la elección revela mucho. Se trata de gestos con un mismo origen: el de querer ser vistos. Los consumidores de gel “típicos” también son vistos, pero su uso nace de la necesidad de domar, aplastar, moldear y delimitar su pelo, haciendo que parezca otra cosa. Cabe aclarar, como paréntesis, que yo identifico un grupo de consumidores de gel “de closet” que cumplen con las mismas características de quienes usan gel, sin usarlo. Pero el hecho de que se lo apliquen en el pelo, característica esencial de ser mamífero, le da un aspecto reptiliano. Usar gel viene de una profunda vergüenza de sí y de lo humano, de querer no sólo ver sin ser vistos, sino retroceder, fingir que no se es nada de lo que se es, jugar a ser la serpiente que tiene todo bajo control y vigila los niños en el Paraíso.

19 ago. 2010

Mi alquimia del verbo

A simila
E valora
I limita
O fuzca
U ni forma...

17 ago. 2010

Poem for Her Eyes

Alone long whiles and long exposed to doubt
Devout along the edges of the breezy shores but never
Too far in or too far high or dry
The breeze quick paced and slightly jingling
Acts chords for all her skeptic cornered wondering
And dances with the notion that the time
Is spread and stretched like awkward caves inside the light.
She often shudders and feels night.

15 ago. 2010

Llegar a ser árbol

El error parte de encontrar belleza en el otro y confundirlo con tu propio reflejo.

The people are ultimately the people, and we don't speak the same language in general anyhow... be they strangers from another land or your next door nieghboors because those people, all people, are still crowds with whom little identification is possible, if not certain individuals, if not at certain moments, if not under a code that I still can't decipher, which is the freest and surest way to communication, peace, and understanding.

You gotta be crazy! Because that's just losing the denial.

But everyone is just as crazy as you, but in their individual, and in ther moments, so that even if we all really work the same way it's all a jumble anyway because life is a thing we each take in fully on our own... and I write this cynnically and not in a fervor because words know they're always saying the same things but they like being and they like coming and they like saying... words are here to stay, if only, here as memories of memories (echoes! echoes!) of brief lapses of understanding and that bridge we formed between our selves and ourselves, these bridges that save you from the momentum and collapse of too much consciousness...

El segundo error parte de creer que no hay belleza.

Reconozco que el otro no es mi espejo, justamente es la salvación del espejo. En la naturaleza hay belleza.

Recuerdo un poema de Hart Crane. Increíble fusión de lo imaginario con la naturaleza. The Garden Abstract.

The apple on its bough is her desire,—
Shining suspension, mimic of the sun.
The bough has caught her breath up, and her voice,
Dumbly articulate in the slant and rise
Of branch on branch above her, blurs her eyes.

She is prisoner of the tree and its green fingers.
And so she comes to dream herself the tree,
The wind possessing her, weaving her young veins,
Holding her to the sky and its quick blue,
Drowning the fever of her hands in sunlight.
She has no memory, nor fear, nor hope
Beyond the grass and shadows at her feet.

Does nature sleep? What gardens can sprout inside ourselves? Nature is like music... wisdom is rythm. Doesn't music say? Yes, and words sound.

Entiendo poco de lo que he escrito, de lo que he leído, y cómo se relaciona. Mala señal, lo sé. Sólo sé que si entre todos los dormir y despertares, separara entre realidad y sueño, ésta sería la imagen de mi Sueño, la dirección de mis pulsiones:

Planto una imagen del árbol en la mente (la semilla), y claro que va a crecer. Si llegara a ser árbol... tendría Nombre porque tendría raíces. Tendría tronco para unir mis ramitas, para que a todas les puedan salir hojas. Quién sabe, tal vez flores y frutas también. Por lo pronto, soy sólo ramas sueltas. Con hongos. Los hongos no son yo, sin embargo están ahí.

Si llegara a ser árbol... no necesitaría más palabras. Sería vida.

12 ago. 2010

Paciencia

vivir para poder escribir...
leer para poder escribir...

escribir para poder vivir.
leer para poder vivir.

nunca vivir para vivir.
uno escribe por insuficiencia.

Quien calla ya encontró las respuestas para sí mismo y sólo le queda escuchar.
Quien responde con silencio tiene la seguridad de que se comunicó.
No necesita confirmaciones porque no le darán nada.
Abraza al otro con su compañía, porque reconoce la riqueza de que el otro esté ahí.
Quien ha llegado a las paradojas y sigue quieto reconoce el valor de la vida por la vida.
La abundancia y la diversidad ya no le parecen discordia.
O esa discordia no le hace ruido.
Quien encuentra la paz encuentra la realidad de la ilusión, y no sólo la ilusión de la realidad.
Paciencia es paz puesta en práctica.
Sin necesidad de imponer para encontrarse a sí mismos, los pacientes esperan a que la vida los transforme.
No sienten culpa aunque ya perdieron la inocencia.
Se bastan a sí mismos así que no se apropian de su entorno. No lo hacen suyo. Suspenden la búsqueda. La búsqueda por Nombres.
Así, llega sola la palabra. Con paciencia.

11 ago. 2010

Escritores escribiendo

Sobre escribir

Sobre escribir

Sobre-escribiendo.

Crisis

Hace mucho tiempo, cuando era joven, hubo un momento en el que volví a nacer. Tuve que revaluar todo; simultáneo a un hastío y un profundo absurdo por haber llegado al fondo, conocí el encanto del espejo y las posibilidades que había de estarme creando siempre y de hacer la vida lo que yo quisiera. Caminaba con música en el cuerpo, bailaba, me perdí en la selva oscura. Verdaderamente como un niño, me dio un impulso implacable y divino por jugar. Sin embargo, no de un niño era la inestabilidad que manejaba, ni la risa de loca, ni las lágrimas de desesperación, ni los oídos cerrados, aturdidos por ruido. No era capaz de tararear para anular la voz de mi mamá diciéndome qué hacer; ya no tenía la ingenuidad de una niña. Mi renacimiento fue una sacudida, caída tal vez; la pérdida de algo sin ganancia cierta para compensarlo, aunque algo que quizá valía la pena perder. O ya era hora. O quién sabe, más bien la crisis fue que no lo pude soltar. Del todo. Algunos le llaman fe, otros sentido. Yo daba marometas intentando agarrarme no sólo de eso, sino de un sinnúmero de cuerdas colgantes. Pero ya no creía en ninguna. Ya colgaban de las nubes y yo flotaba sobre un río. Entonces quería no querer agarrarme de nada. Quería ser parte del movimiento, o quedarme bien quieta. Fluir, coordinar, estar en paz. Cuando la inquietud comienza a matarte en vez de hacerte sentir viva, te dejas de aspiraciones de ser como Rimbaud y te llama mucho más la idea de ser un sabio meditabundo. Colgar piernas cruzadas de un árbol. De cabeza. De ser un animal. Después de haber sido humano. (Ser niño. Después de haber sido adulto). (Experimentar con la insensibilidad 2, después de la hipersensibilidad, cúspide de la escala de los tipos de sensibilidad, de menor a mayor, empezando con insensibilidad 1). Escalas ¿circulares? ¿espirales?

La sensibilidad siempre fue un tema en el amor: el que yo creía más puro, cuando te enamoras únicamente de cómo es una persona y no de quién es, lo que existía era una compatibilidad de sensibilidades. Pero también me preocupaba no subestimar la sensibilidad que no era como lo mía: me sorprendía lo poéticas que se volvían las personas al hablar de su propia sensibilidad y me sentía culpable por haber sido tan ciega y un tanto… insensible. Nacía un amor mucho más interesante, que enseñaba a crecer, y quizá se agotaba más rápido pero tenía fe en que podía ser lo contrario, el más sólido. También perdí esa fe en poco tiempo.

¿Cómo emprender el camino a la paz? ¿Cómo articular la acción en una vida absurda? Quizá reconociendo que lo complicado de la filosofía de uno es separable de lo complicado de la vida misma. La crisis ahora era por decidir qué ser. Sabía que era una decisión, síndrome de no saber a quién apoyar en un argumento: todos los puntos me parecían legítimos. En otro sentido, insuficientes para serlo más que los demás.

Pero yo tampoco tenía la respuesta, y las palabras qué mundo revelaron ante mi individualidad. Me malacostumbraba a escribir en segunda persona. Aún más ególatra que llenar de “yo” la página: la estaba diciendo a los demás que les pasa lo mismo. Ya era muy cierto que sola, mejor acompañada, pero ahora cuando cerraba los ojos soñaba con el mundo que me rodeaba. Lo externo se volvió la fijación.

Yo vacilaba entre muchos pasillos del laberinto: hay letreros en las entradas de los pasillos que uno debe leer. Y luego pensar…

El mundo sensorial no me haría “mejor persona” (menos narcisista). Así justificaba las vueltas que daba en mi cabeza, porque era más importante que sentarme sólo a ver y escuchar. Pero sí había una posibilidad de que hundiéndome en ese mundo sensorial encontrara un equilibrio y una ¡vaya! felicidad que tendría un efecto en mi pequeño entorno, y finalmente, me despreocuparía. También sería aislamiento: en mí, ese camino conduciría a la misma pérdida de mi identidad. El mundo externo, el que masticaba y digería en mi cabeza, tenía un sabor más vivo y más sólido que el de mi propio reflejo, que sería con lo que jugaría si concluyera que la gran mayoría de mi experiencia vivencial es incomunicable. Seguía viviendo por la comunicación y creyendo en ella. Pero ahí encontraba un error, porque querer comunicar constantemente mi experiencia vivencial también era una fijación con el espejo. Y creer en algo así me volvía a causar dilema.

¿Qué pasaría si perdiera las palabras? Ése era mi verdadero miedo. Sin la palabra no tenía nada, ¿qué certeza? No me dejaba distraer, pero a veces debía obligarme. Debía obligarme a sentir el pasto y reírme por el ángulo del edificio y recordar que estoy sorbiendo un té delicioso y reír por lo gracioso y olvidar mis obsesiones, que tanto me permitían asociarlo todo, construir mi mundo incomunicable donde todo tenía ese tono. ¡Qué melancolía! Y sí lo hacía, sí me distraía. Son ratos.

Intenté dividir mi tiempo. ¿Qué no ven que eso es el tiempo? Nuestro pase automático entre máscara y máscara… ¡hay que jugar! Decidí ser más activa, concentrarme, ejercitar mi cuerpo, aprender a ver. Pero vivir para comunicar. Para cantar. Para sonreír por lo menos y así besar la belleza que veía. Ser luz. Y crear el verbo. Creer en el verbo. Cuando quería únicamente escuchar, leer era la mejor forma. ¡Bellas y complejas reflexiones, vivas y resignadas a la vez, de voces de otros! Nada de presión, lo que ellos me querían decir que yo escuchaba cuando quería y porque a ellos los elegí. Hay que ser selectivos. La mayor libertad a la que podemos aspirar es la de no tener que convivir forzadamente con lo que no encajamos. Sentir, ya sea por ilusión o porque realmente logramos encontrarlo y / o dejar que se acomode, que estamos viviendo lo que nos corresponde. Era un verdadero goce y me sentía privilegiada, pero también sufría mucho no alcanzarla por completo. Culpando ahora a mi entorno, me sentía trágicamente atorada en un mundo sobrepoblado y de gente invasiva que muchas veces me hacía dudar de mí misma. El infierno son los otros. Y volvía a lo mismo, aunque tenía mis libros y mis palabras todavía y me refugiaba en ellas.

Un maestro mío lo dijo un día, y sonreí por el placer de sentir, como pretendía hacer todo el tiempo, que estaba en el lugar adecuado. Dijo que falta mucha “efervescencia juvenil sobre el hecho lingüístico”. Y que eso se explora en los ensayos, finalmente. Los ensayos de creación, that is. Los que abren mundos.

En esta ruptura, oleaje de encrucijadas, apareció la tentación de la esquizofrenia cuando la fe en lo comunicable menguaba, pero la obsesión por las voces seguía igual de viva. Tenía una libreta para mis voces y una libreta para las voces de otros… lecturas y clases, principalmente. Reconocer a varios dentro de mí me enajenó de un mundo poblado de Narcisos. Así lo veía yo: “Narciso –el emblema de la humanidad”. Comenzaban mis personalidades a debatirlo, y hacía las voces de personas más felices que yo, y la voz del que no intelectualiza. Personas enteras, con unidad. Sobre todo las que ganaban el argumento.

“Ay, pobre, se proyectó. Se identificó con el mito, que es finalmente un tipo psicológico”.

“¡Pero se nos olvida que el mito no siempre se vio así. Antes eran afirmaciones sobre la humanidad. Era naturaleza ‘divina’, del hombre finalmente”.

“¿Así que nos clavaremos con los mitos?¿Y por qué ése? ¿Y entonces la imaginación es respuesta , reacción a la realidad? No podemos olvidar… ¿qué prejuicios artificiales tiene? Por un lado los mitos, el imaginario colectivo, la evolución histórica y dirigida, digerida, del pensamimento humano. ¿Entonces sólo tu voz individual vale? Ya entiendo por qué elegiste el mito de Narciso…”

“¡Mi punto es ése! Sólo me atrevo a decir que todo el mundo llega a eso, y es tan a su forma, en lo que los distingue, en lo que los hace orgullosos de ‘estar viviendo’, que no cabe otra forma de comunicar que la de traducir esa esencia, y hemos construido un imaginario, un lenguaje y referencias, como los mitos, para hacerlo. Pero promovemos ser conscientes y no nos la creemos, entonces somos, finalmente, Narcisos sueltos en el bosque que saben que sólo aman (porque sólo tienen realmente) su propio reflejo. Se ha ido aviniendo: el cuerpo es una cárcel, la vida terrenal es una sombra, pienso luego existo, yo nací ya muerto en este mundo y estoy rodeado de fantasmas. Muchos lo han dicho”.

“Interesante. Estás tan seguro de tu inseguridad que casi me has convencido, y estás acostumbrado a creer que puedes, si te expresas bien. Pero no, yo no lo vivo así y no me importa cuántos sí y lo hayan dicho, también habrá para cada uno varios críticos y también críticos de esos críticos y no me interesan. A mí no me traba. Yo sí me enamoro del bosque, aunque no crea en los mitos o no en todos, o no en la necesidad de realmente creerlos, en fin entiendo el fenómeno de Dios y creo que vivo libre de él sin susitituirlo por ‘razón’ u otra droga, y entonces puedo enamorarme de la vida misma y también de su parte demoniaca. Sí juego y no sólo me masturbo. Y definitivamente intento evitar los masoquismos. Eso de ser Narciso, ¡qué dolor auto-infligido! Quienes lo veían embobado con su reflejo, muriendo por ello, sentían una profunda tristeza. Pero si te gusta la masturbación más que el sexo y el placer de doler y arder, sé un buen Narciso, uno que no se preocupa porque los demás sean como él. ¡Ni siquiera se acercan los demás a su grandeza! No le interesan. Ni siquiera me has convencido de que eres realmente narcisista, mucho menos los demás.”

Muchas veces estos personajes que me alegaban mis dudas e inquietudes las nulificaban y me daban fuerza. Era yo muy atormentada por tener delirios de psicóloga, filósofa y literata. Mi fijación por las palabras se ligaba al pensamiento, a que siempre estamos pensando y queramos o no es en palabras. Sentir con el pensamiento, hacer que el pensamiento nos dé sentido, qué vago sueño de esas tres personalidades. Los psicólogos, concluí, leen el pensamiento de los otros. Se los explican. Son los más self-righteous. Filósofos cuestionan e intenta llegar al origen. Buscan la duda pretendiendo esclarecer. Son los más locos, absurdos, contradictorios (adjetivos ambivalentes, como ellos). Los literatos juegan con sus propias palabras. Y sí, las de los otros.

Decidí ser más literata que lo demás pero sin ignorar que también tenía los otros impulsos. Fue la manera de divertirme más y sentir que creaba al mismo tiempo. De sentir que no hablaba con fantasmas, ni de que me imponía, quitándole violencia a mi persona. Así también bajó la esquizofrenia, ya no era tan desesperada, tan ajena al mundo. Me sentí tan segura que escribí en forma de un viejo recuerdo lo que me estaba pasando en ese momento, tan asimilado y cuerdo lo sentía.