6 oct. 2010

Crimes and misdemeanors

En este ensayo se hablará del suicidio en la película de Crimes and Misdemeanors relacionándolo mediante un análisis de personajes y de trama para intentar explicar el suicidio del Louis Levy. Ese personaje dentro de la película tiene una función dramática importante, e intentaré vincular lo demás con esto al final.

Para tocar el suicidio, es mucho más relevante la vida que la muerte. Y en lo que toca a la vida, inmediatamente se interponen la Realidad, Dios, la Verdad, la Trascendencia, el Amor, el Éxito, la Justicia, y muchas más palabras humanas que deberían llevar mayúscula siempre. Todos estos temas y más se entrelazan en la película de Woody Allen en las historias paralelas de los dos protagonistas.

Son antitéticos, dos caras de una moneda porque ambos comparten ciertos fracasos y cierta ingenuidad. Ambos tienen que superar ciertos desencantos con lo que los demás les demuestran es la Realidad, y la forma en que lo hacen es contraria. Judah Rosenthal vive en un mundo de apariencias: erudición, placeres de la vida, clase, valores promocionados y enfatizados en perfecta armonía. Los “ojos penetrantes de Dios” que sintió desde chiquito por su educación judía fueron remplazados por escepticismo –pero por algo se volvió oftalmólogo. La vida religiosa la cambió por la científica, pero ciertas ideas se quedan en la mente de un joven. Su vida se encuentra en crisis porque lo han alcanzado las consecuencias de sus impulsos; llámese amor, llámese inquietud, llámese lujuria. En su primera confrontación, con un hombre religioso, la confianza se establece con la mención del respeto: parece que lo que los une es un reconocimiento de fibra moral en el otro. El doctor le atribuye sus errores al “calor del momento” y las “pasiones”, y el hombre religioso le señala que los conocimientos no brindan la sabiduría que se necesita para prescindir de tales superficialidades. Enfatiza la importancia de la confesión y el perdón. Suena fácil, pero el doctor sólo tiene chispas de esas nociones, y sabe que la Realidad no se ajusta a esos códigos.

En un segundo encuentro, Judah habla con un hombre que vive de ensuciarse las manos. Muchos lo tenemos que hacer, alega, y lo que hacemos también es por personas como tú. La vida es Hardball, y hay que saber jugar. El doctor tampoco puede aceptar esto, cree en lo humano y en que no es natural matar a sangre fría. ¿Qué con el Amor? ¿Qué con la Vida? Nos empezamos a dar cuenta que la aparente seguridad del doctor es tan frágil que no tiene un solo elemento con que defenderse; no sabe decir que no y no sabe decir que sí. Al final decide dejarse convencer por lo Lógico, lo más Realista. También es lo fácil, lo que no requiere que salga de sí y se arriesgue. El riesgo fue consigo mismo, y al principio pierde, porque esas chispas de nociones eran lo suficiente para que la culpa la supiera sentir en todo el cuerpo.

Aquí nos detenemos para conocer a su antítesis. Cliff Stern es una persona que no sabe actuar en contra de sus principios, que sólo ve en la gente su actitud. Es un intelectual y amante del arte, digamos que cree en la Palabra, y cree en el Amor. Dejaría en cualquier momento su matrimonio fallido por el verdadero amor. No sólo su matrimonio es un fracaso, parece que vive de aspiraciones altas y no cumplidas. Mientras que Judah, entre su amorío destructivo y su matrimonio sofocante, ante cualquier descuido es tragado por la vida, Cliff tiene demasiada vida para el mundo, que no es como él de comprometido. Esta especie de ceguera ante el mundo lo permite ser contradictorio y, siendo tan diferente, sentirse identificado todo el tiempo. También entorpece sus habilidades de seducción, lo cual no es un problema para Judah (al contrario, parece que se le pasa la mano). Mientras que el cineasta parece tener sed de elocuencia, el doctor tiene sed de verdad: ambos buscan lo que los integraría con su realidad pero no lo logran encontrar del todo.

Tanto Cliff como Judah representan combinaciones distintas de inocencia y desilusión. La diferencia está en su éxito, y esto tendrá mucho que ver con el tema del suicidio. Lo que Judah siempre tuvo fue fuerza para más que sobrevivir –sobresalir, y es lo que le permite superar su culpa al final. Reconoce que sus prioridades al final del día son, en un mundo estable, disfrutar de su buena comida, buen vino, y bella mujer que le dice con un beso lo bien que luce hoy. Judah se ajusta a la retórica más efectiva de “ellos también lo hacen”. Sólo el ingenuo Cliff cree que la realidad no se basa en procesos de racionalización y negación, pero no tiene los resultados que esos procesos brindan, aparentemente. No puede evitar creer en lo único que le da sentido a la vida: lo que expresan los filósofos y los artistas y lo que el amor, en todas sus manifestaciones, lo han hecho sentir. Judah lo acusa de creer en las ficciones, y de nuevo aparece esta idea de realidad que los separa, aunque el final parece sugerir que la de Judah, queramos o no, es más real porque rige.

Entonces en esta Realidad… ahora cobra relevancia la figura del filósofo israelí, Louis Levy. Es una figura emblemática que toca los temas fundamentales en los corazones de los protagonistas y que con su voz profética da respuestas, fuera del tiempo porque es a la vez filósofo y a la vez judío vinculado al Antiguo Testamento.

En su discurso, resalta la idea del amor. “What we are aiming for when we fall in love is a very strange paradox: we are seeking to re-find all or some of the people to whom we were attached as children, and we ask the other to correct the wrongs those parents and siblings inflicted on us when we were little. This contains the contradiction”. En el amor está el refugio siempre insuficiente ante el mundo, que es frío. La contradicción, como la elocuencia del amor y de estas palabras, se alzan como Dios en el corazón de Cliff. Ve a Louis Levi como un símbolo de éxito y plenitud, alguien que le ha dado vida a sus palabras mediante las acciones. Cuando éste se suicida, Cliff sólo ve la contradicción, pero yo creo que en lo que hay concordancia es entre la filosofía de Levy y su último acto. Él sostenía que vivimos del amor desde que nacemos, pero a veces no es suficiente. En cuanto dejó de serlo, se suicidó.


Este suicidio coincide con varios choques en la película, varias erupciones de realidad y conversiones de personajes. Judah mata su culpa, la mujer que Cliff idealizaba demuestra ser otra más, indispuesta a vivir en las nubes. Cliff entra en una crisis que lo lleva a cuestionar por un lado la filosofía de Levi y por otro su propia vida. Resulta que entonces es, en todos sentidos, un fracaso. El proceso de Cliff es, sin que se dé cuenta del todo, el descubrimiento de que los hombres morales, idealistas, son fracasados moralmente o suicidas (el segundo es cuestión de tiempo). El suicida claramente reacciona ante la relación discordante entre sus valores morales humanos y su articulación y validez con la realidad. O viven como fracasados, o tienen éxito y logran hacer realidad el Amor y el Arte, pero éstos se agotan en cuestión de tiempo. Entonces, fracasarán o, según Louis Levi, se suicidarán.

El suicidio es la opción de los exitosos, de los realmente vitales. La otra opción es matar, verdaderamente, los valores morales. Así no habrá discordancia entre la moral y la realidad, aunque cuestionablemente ya no se será humano. Así, el verdadero suicidio se vuelve un anti-suicidio, un evitar matar lo humano, que es distinto del humano. Ni Cliff ni Judah son realmente suicidas, no son hombres completos como Levi que mediante el suicidio enmiendan esta ruptura entre Moral y Realidad. Pero sí son suicidas en la medida que permiten la muerte de una o de la otra. ¿Quién de los tres muere “más”? ¿Cuál es un crimen y cuál un delito menor? Por las profundidades que alcanza, Crimes and Misdemeanors es probablemente de las películas más trágicas de Woody Allen, aunque en ella misma se comprueba que la comedia sólo es “tragedia más tiempo”, así que sólo un cambio de posición vuelve ridículos estos personajes, con sus torpes tropiezos y patéticos dilemas.


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