2 ene. 2010

Desorbitado deseo

Pasando finas llanuras de musgo sobre el cerro que se eleva a la boquilla de la luna en el bosque orfeico de palos torcidos de obsidiana en la cueva de un recuerdo
Una llama bailó.

Una llama encendida por error
Rebanada en el viento del ala de un ave primavera pasada de colores irreconocibles la engendró
La llama creció.

No quería
Y el bosque miraba al invierno y al otoño a sus lados y
La prohibía.

Al bosque le empezó a dar comezón y se retorció incómodo los árboles se opacaron como en otros oscuros noviembres y nunca agua cayó fueron tiempos de viento mas no de navíos
Y la llama supo que había venido para ahogarlo todoahogar el bosque en cambio en deseo consumado accidental como el roce del ala pero fatal
Llama de deseo que creció hasta volverse danza
Y danza que desorbitó hasta ser caos
Y bosque que nunca fue más
Obsidiana

Quedaron cenizas.

Las condiciones (el bosque, las lluvias, la montaña, la luna; seres que deben responder las inquietudes de la chispa) no fueron nada propicias para la mesura y moderación.
Tras muchos despliegues oníricos y mucho caminar llegaron las nubes a lamentar el suicidio.

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