26 nov. 2009

Más caídas, más impurezas

Queremos pedir perdón porque queremos que nos absuelvan, que no quede duda de que fuimos inocentes. Queremos perdonar para sentirnos grandes moralmente, sentir que son banalidades y que conocemos a la persona, y que se trata de una relación incondicional. Porque nos gustan los respaldos, y las certidumbres, esas luces (encendedores en los conciertos) que nos orientan y la relación se vuelve agarrarnos la mano sudada en tiempos de peligro- te necesito. Pero luego sale el sol y nace tu sombra -¡qué presencia!- ves las muecas de desconfianza y burla y desasosegada, sueltas la mano que nunca fue tan pura y caminas sola.
No muere ese impulso, esa necesidad de amor, la latencia en realidad de querer encontrar a alguien, a una persona, que te llegue con todo.
(Cada vez es más una fantasía, cada vez te ensucias más y te derrites en lágrimas por todo ese caos externo que sí acabó con tu pureza, y te alejas, rota ahora, lista por fin para interactuar con los demás porque has caído y ya eres como ellos).
Yo era un jabón blanco y curvilíneo, que se manchaba pero ERA limpieza. Pero ensuciaron el único jabón que quedaba, y sólo uno más grande lo podría remediar. Eso no pasa.

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