19 may. 2011

Pies

¡Ay! ¡Tanto de la vida es muerte! El suelo está lleno de muerte, de desechos. Cucarachas caminan a nuestro alrededor, por ahí corre la mugre, el agua del drenaje, los vidrios rotos, todo lo vemos. Los zapatos que nos pones muchas veces son tan blandos y tan ligeros que sentimos todo. Sudamos fácilmente y olemos mal. Pero a veces nos toca caminar por pasto o por arena… el pasto que Whitman llamó un pañuelo de Dios. La arena de las dunas, la eterna arena que nos exfolia y nos hunde como agua seca. Cuando eras chiquita nos lamías el sudor. Te gustaba la sal, sólo te torcías en tu cama y nos lamías como si fuéramos tu helado del postre de la comida. Se sentía bien, se ha sentido bien cuando tus novios han decidido colocarnos en su boca y besarnos, aunque tú te mueras de la pena porque sabes que olemos, tendemos a oler muy, bastante mal. Sobre todo cuando nos pones alpargatas. En la prepa Claudia te decía Patas chuecas, o sólo Patas, ¿te acuerdas? Siempre nos ha gustado extendernos hacia afuera, hacer un triángulo como si estuviéramos practicando ballet. ¡Y luego cuánto trabajo nos costaba pararte! Cuando te sentabas en el suelo te azotabas y te parábamos con muchos dobleces de pierna e impulsos extraños con tu trasero al aire. Nos acordamos del último día en la clínica, cómo nos volvimos locos y empezamos a temblar en esa partecita difícil de ubicar, muy en el centro de nosotros, sobre todo del izquierdo, y las enfermeras te decían que tus pies se te estaban adelantando a tu partida, que andaban emocionados. Sí andábamos emocionados pero también nerviosos, ansiosos, llevábamos mucho tiempo andando en círculos y con los mismos zapatos mansos, cómodos, sobre el mismo suelo de linóleo. Volver a caminar distancias largas… ¡qué travesía! Nos gusta caminar, nos gusta llevarte aunque nos cueste trabajo ajustarnos a los zapatos que nos pones, son casi siempre demasiado grandes. Luego nos da comezón y no entendemos por qué, cuando nos rascas a veces se mezcla con cosquillas y nos damos cuenta que somos muy sensibles. Nos gusta que nos eches crema y que nos mimes, y aunque nos gusta estar descalzos (no amamos los calcetines) no aguantamos la mugre, estar negros. Muchas veces llegaste a casa después de un largo día y nos postraste sobre el lavamanos para lavapiearnos. Nos pasa algo con las rayas del piso, con los pilares de los barandales, con las sombras y las luces. El pie derecho tiene que pisar donde justo atraviese estas cosas, pero a veces cambia y el chiste es justo pisar donde NO hay raya, o que el pie izquierdo sea el que pise la raya. A veces se siente raro pisar el punto del piso mojado o que tiene una basura atravesando la línea del pie porque el otro lado no siente nada, y luego nos confundimos con qué pie debe pisar qué… siempre hay un sentimiento de incompletud con eso de pisar las rayas o las sombras… es todo un juego con el espacio que dominamos y a veces nos saltamos un escalón para que caiga donde debe cada uno de nosotros. No lo podemos explicar… sólo nosotros nos entendemos.

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