22 nov. 2011

El descenso

Tú fuiste, también,
Un falso profeta,
Te imaginabas movimientos
Donde sólo había ecos.

Tú estabas contemplando, también,
el infinito en el reflejo
Del reflejo en las pupilas
En la imagen del espejo.

Y no eres un genio
Ni un Cristo
Ni una flor de loto abierta
Ni un oráculo
Ni Eva
Ni el Amor
Ni la Esperanza
Ni un delfín
Ni el quinto elemento;
Ni siquiera un rencarnado,
Eres un narciso ahogado.

Tú risa no puede ser La Música,
Ni tu llanto la expiación del pueblo.
Tu canto no encantará a los árboles
Ni tu cuerpo lo abrazará el cerro.

Israel no es todos los pueblos,
No puedes ser el águila y
Al mismo tiempo la serpiente.

Lo extrapolaste todo.

Al rozar tu nombre,
te imaginaste otros
y te bautizaste infinidad de veces.
Al rozar la eternidad,
Comenzaste a flotar por encima del tiempo
como si ya hubieras muerto
o fueses inmortal.

Creíste poder despertar a los dormidos
Pero estabas en el sueño:
La embriaguez del solipsismo,
La embriaguez a secas.

Ya estás sobria,
Y despierta, creo.
Ya te sabes conejo blanco
Con reloj de arena
Que sin miedo no está cuerdo.
¡Eres vieja!
Lejana, como una estrella,
De otra dimensión.
El espejo es sólo vidrio,
Humano un nombre taxonómico.

Sólo te queda por descubrir
Si efectivamente
Todo lo que baja, tiene que subir.

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